Misioneros Místicos para América

Encuentro de Espiritualidad Claretiana

08-16 de julio, 2026

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena Noticia a los pobres.” Lc. 4,18

Introducción

Reunidos como Familia Claretiana de América, en la ciudad de Panamá, bajo el lema «Misioneros Místicos para América», hemos vivido un verdadero tiempo de Gracia. La escucha de la Palabra, la celebración de la Eucaristía, la oración, el compartir fraterno, el diálogo intercultural y las Conversaciones en el Espíritu nos han permitido reconocer que Dios nos sigue llamando a renovar el don recibido de San Antonio María Claret.

Reafirmamos que la espiritualidad es el alma de la misión, la fuente de nuestra esperanza y el fuego que sostiene nuestra vocación. En medio de las luces y sombras de MICLA,1 hemos escuchado el clamor de nuestros pueblos y, al mismo tiempo, la voz del Espíritu que nos invita a volver a lo esencial.

Hemos contemplado una América marcada por profundas desigualdades, nuevas y antiguas pobrezas, migraciones, violencia, polarización, crisis ecológica, cambios culturales y el surgimiento de nuevos escenarios para la evangelización. Pero, también hemos descubierto un continente lleno de vida, de fe, de resistencias, y de pueblos que siguen esperando la Buena Noticia del Reino.

En este contexto, hemos comprendido que la renovación de la misión no comienza con nuevas estrategias, sino con un corazón renovado. Antes de hacer más, estamos llamados a ser más de Cristo, a dejarnos conducir por el Espíritu y a vivir con mayor radicalidad el carisma que hemos recibido.

Durante este Encuentro constatamos que el carisma claretiano sigue siendo un inmenso regalo de Dios para la Iglesia y para el Continente. Es un tesoro vivo que no podemos guardar para nosotros mismos; estamos llamados a custodiarlo, recrearlo y transmitirlo con fidelidad y audacia a las nuevas generaciones.

Por eso, convencidos de que el Espíritu sigue haciendo nuevas todas las cosas, hacemos pública esta declaración como expresión de nuestro discernimiento común y como invitación a caminar juntos.

Nuestra convicción

Después del camino recorrido, afirmamos con alegría que ser Misioneros Místicos para América significa vivir una espiritualidad que integra armónicamente:

● el encuentro vivo con Jesucristo, centro de nuestra vida;
● la docilidad al Espíritu Santo, que unge y envía a anunciar la buena noticia a los pobres;
● la espiritualidad del Corazón de María, escuela de escucha, disponibilidad y fidelidad;
● la contemplación y la misión configuran la experiencia apostólica;
● la fraternidad, la sororidad y el cuidado de nuestras relaciones;
● la sinodalidad y el discernimiento comunitario;
● una misión compartida con los laicos, la Familia Claretiana y toda la Iglesia;
● una presencia encarnada, compasiva, profética y martirial en la realidad de nuestros pueblos;
● la opción preferencial por los pobres, el compromiso con la dignidad humana, la vida en todas sus formas y el cuidado de la Casa Común;
● una renovación permanente del carisma que nos mantenga abiertos a los signos de los tiempos.
Consideramos que esta espiritualidad es un don para la Iglesia y una respuesta de gratuidad para nuestro Continente.

Por ello, nos sentimos llamados a:

1. Contemplar a Jesucristo y ponerlo en el centro de nuestra vida 

Queremos configurar nuestra identidad y misión con Jesucristo, el Hijo, enviado del Padre y ungido por el Espíritu. Alimentados por la Palabra y la Eucaristía, viviendo desde la caridad, haciendo nuestros sus sentimientos y forma de vida, asumimos el estilo de San Antonio María Claret. Solo así podremos anunciar con autenticidad la alegría del Evangelio.

2. Dejarnos conducir por el Espíritu Santo 

Reconocemos que toda vida y misión nacen de la acción del Espíritu. Queremos cultivar una actitud permanente de escucha, discernimiento y disponibilidad, para que el fuego del Espíritu que nos apasiona siga renovando nuestras personas, comunidades y provincias, manteniendo viva la creatividad misionera y la capacidad de contemplar y leer los signos de los tiempos.

3. Vivir desde el Corazón de María 

Como hijos del Inmaculado Corazón de María, queremos aprender de ella a escuchar la Palabra, conservarla en el corazón y hacerla vida. En María contemplamos a la primera discípula y misionera: mujer disponible, peregrina de la fe, cercana a los pequeños y fiel hasta la cruz. Las múltiples advocaciones marianas de nuestros pueblos expresan la cercanía de una Madre que, por haber compartido el sufrimiento de sus hijos, los acompaña. “Llena de Dios y tan nuestra,” con ella queremos aprender a vivir con humildad, ternura, fortaleza y prontitud apostólica. Que la Guadalupana nos enseñe a inculturar el Evangelio y a dejarnos evangelizar por los pequeños.

4. Cultivar una profunda vida interior que unifique nuestra vida misionera 

Nos comprometemos a cuidar nuestra relación personal con Dios mediante la oración, el silencio, la adoración, la mística popular, la intercesión y el discernimiento. Queremos superar el activismo que desgasta y vacía, para vivir una espiritualidad donde la misión brote de la contemplación y el apostolado se convierta, a su vez, en camino de encuentro con Dios.

5. Construir comunidades fraternas, interculturales y sinodales 

Queremos que nuestras comunidades sean verdaderas escuelas de comunión donde el Evangelio se haga vida. Nos comprometemos a fortalecer nuestras relaciones fraternas, a promover una cultura del cuidado, la prevención de los abusos y la protección de las personas más vulnerables, a practicar la corresponsabilidad, a valorar la riqueza de nuestras culturas y a hacer de las conversaciones en el Espíritu un camino habitual para discernir juntos la voluntad de Dios.

6. Encarnarnos en la realidad del Continente con compasión y espíritu profético 

Queremos mirar nuestro Continente con los ojos del Evangelio y, por ello, nos comprometemos a escuchar el clamor de los pobres, las mujeres, los niños, los adultos mayores, los migrantes, los pueblos originarios, los afrodescendientes, los jóvenes vulnerados y quienes viven en las periferias geográficas, existenciales y digitales. Queremos dejarnos afectar por el sufrimiento de nuestros pueblos, denunciar las injusticias, defender la dignidad humana, promover una cultura de paz, reconciliación y encuentro, como lo hicieron nuestros mártires, y anunciar con esperanza la fuerza transformadora del Reino de Dios.

7. Cuidar la vida y la Casa Común 

Reconocemos que toda la creación es don de Dios y que su cuidado forma parte inseparable de nuestra espiritualidad; por ello, nos comprometemos con otros a promover una auténtica conversión ecológica y un estilo de vida sencillo y responsable, que genere una acción evangelizadora, promueva la reconciliación con la creación y el respeto por toda forma de vida, especialmente por aquellos que están más afectados por el deterioro de la casa común.

8. Fortalecer la misión compartida en sinodalidad eclesial 

Creemos que el Espíritu suscita, entre hombres y mujeres, una diversidad de vocaciones, carismas y ministerios para la misión. Nos comprometemos, como Familia Claretiana, a caminar juntos en la Iglesia con todos, especialmente con los laicos, fortaleciendo los procesos de formación, los liderazgos evangelizadores y el trabajo en red.5 Deseamos que la misión compartida sea nuestra expresión concreta de sinodalidad y una riqueza en el anuncio del Evangelio.

9. Recrear continuamente nuestro carisma 

La fidelidad creativa reconoce las semillas del Evangelio, siempre presentes en América, y deja que el Espíritu las siga haciendo fecundas en el presente. Nos comprometemos a ajustar e implementar nuestras opciones, prioridades, estructuras y procesos formativos, buscando siempre una síntesis vital entre espiritualidad, comunidad y misión. Trabajaremos por una espiritualidad inquieta, abierta, humilde, capaz de aprender, de dejarse cuestionar y de responder con creatividad a las nuevas realidades del Continente.

10. Contagiar esperanza con nuestra vida 

Pedimos la gracia del Espíritu para que nuestra manera de vivir sea el primer anuncio del Evangelio. Nos comprometemos a vivir con alegría, sencillez, cercanía y pasión misionera, de modo que nuestras personas, comunidades y provincias sean signos creíbles del Reino y despierten nuevas vocaciones al seguimiento de Jesucristo. Queremos ser testigos; hombres y mujeres cuyo corazón arda con el mismo fuego que impulsó a San Antonio María Claret.

Un camino para MICLA 
Conscientes de que todo discernimiento necesita traducirse en vida, invitamos a los Organismos de MICLA a hacer de este compromiso una referencia para sus planes de espiritualidad, formación y misión.

Proponemos que inspiren y asuman dinamismos concretos en las comunidades revisándolas periódicamente, de modo que podamos discernir juntos (as) los frutos alcanzados y las nuevas llamadas del Espíritu.

Deseamos fortalecer la colaboración entre nuestras Provincias, crear espacios comunes de formación y apoyar el servicio de animación de los Prefectos de Espiritualidad para que este camino continúe creciendo y enriqueciendo la vida misionera de nuestro Continente.

Al concluir este Encuentro, regresamos a nuestros países con el corazón agradecido y renovado.

Volvemos llevando un tesoro que no nos pertenece, sino que hemos recibido como gracia para compartir. Hemos redescubierto la belleza de la espiritualidad claretiana como una fuente siempre
nueva, capaz de renovar nuestra vida, nuestras comunidades y nuestra misión.

Sabemos que el futuro del carisma no dependerá únicamente de nuestros proyectos o estructuras. Dependerá, sobre todo, de nuestra capacidad para permanecer unidos a Jesucristo, dejarnos
conducir por el Espíritu y vivir, como hijos del Inmaculado Corazón de María, disponibles para la misión. Si permanecemos fieles a esta llamada, el fuego que ardía en el corazón de San Antonio
María Claret seguirá iluminando a la Iglesia y ofreciendo esperanza a nuestros pueblos.

Hoy regresamos convencidos de que el carisma claretiano sigue siendo un regalo de Dios para la viña joven.

Nos corresponde custodiarlo con gratitud, recrearlo con valentía y transmitirlo con alegría a las generaciones que vendrán.

Que nadie apague este fuego, que nuestras comunidades lo alimenten y que nuestra misión lo haga
llegar a las periferias. Que quienes nos encuentren puedan reconocer, en nosotros, que Cristo sigue
caminando por América y continúa llamando y enviando.

Confiamos nuestro caminar al Corazón Inmaculado de María, Madre y Formadora, para que nosenseñe a escuchar, a creer, a esperar y a salir con prontitud allí donde la vida clama por el Evangelio.

Ciudad de Panamá, 16 de julio de 2026.

PARTICIPANTES

Gobierno General

P. Mathew Vattamattam, CMF -Superior General
P. Carlos Sánchez, CMF -Prefecto General de Espiritualidad y Vida Comunitaria

Provincia Estados Unidos – Canadá

Francisco Javier Reyes, CMF
Eddie DeLeon, CMF
Sandra Navarro, Laica
Arturo González, Laico

Provincia de México

Miguel Ángel Portugal, CMF
Luis Gerardo Granados, laico

Delegación de Antillas

Fausto Cruz Rosa, CMF
Francisco Ysaac Espinal Rosario, CMF

Provincia de Centroamérica

Mauricio Borge, CMF
Jeremías Lemus Lemus, CMF
Fredy Estuardo Cabrera Ventura, CMF César Espinoza, CMF
Larissa Moscote – Laica

Provincia de Colombia – Venezuela

Luis Armando Valencia Valencia, CMF
Reyes Julio Corredor Sáenz, CMF
Daniela Rodríguez Pérez, Laica

Provincia Colombia Oriental y Ecuador

Luis Felipe Useche Trujillo, CMF
Héctor Julio Tibaduiza Cusba, CMF
Carlos Julio Rozo Rubiano, CMF
María Auxiliadora Mieles Moreira, Laica

Provincia Perú – Bolivia 

Ronel Chipana, CMF
Jorge Rafael Castillo Villanueva, CMF
Carmen María de Lourdes Arenas Llontop, Laica

Provincia San José del Sur 

Rubén Infantino, CMF
Fernando Kun, CMF
Flavia Campbell, Laica

Provincia Claretiana do Brasil 

Eguione Nogueira Ricardo, CMF
Nilton Cesar Boni, CMF
Antonio Carlos Ferreira, CMF
Clodoaldo José Oliva Muchinski, Laico
Alex Luis Gennari, Seglares Claretianos, Laico

Familia Claretiana

Maria do Carmo Duarte, Missionárias de Santo Antônio Maria Claret
María de los Angeles Sambran Dohir, Filiación Cordimariana
Mabel Alejandra Ardiles Araya, Religiosas de María Inmaculada
Augusto Ng, Seglares Claretianos

Invitados: 

Mons. Ángel Garachana, CMF (Obispo emérito de San Pedro Sula, Honduras)
José Luis Loyola, MSpS (9 – 12 de julio)
Liliana Franco, ODN (9 – 10 de julio)
Rosendo Urrabazo, CMF (Provincia Estados Unidos – Canadá / Curia General)
Edgardo Guzmán, CMF (Provincia de Centroamérica / Claretianum)