Por: Erick Moisés Carrasco Lovo
San Salvador, El Salvador
25-08-2026

«Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios» (Sal 103,2).

Del 3 al 7 de agosto, los Misioneros Claretianos en formación de Centroamérica vivimos unos días de Ejercicios Espirituales en la Casa de Retiro Santa Isabel de la Trinidad, en Sonsonate, acompañados por el P. Edgardo Guzmán, CMF. En esta experiencia participaron las distintas etapas del itinerario formativo: propedéutico, filosofado y teologado, propiciando también un espacio de encuentro y fraternidad entre quienes recorremos diferentes momentos del camino vocacional.

El ambiente de la casa de retiro, rodeado de vegetación, acompañado por la brisa fresca y un horizonte que invitaba a la contemplación, favoreció el clima de silencio, oración y encuentro con Dios. Durante estos días hicimos un alto en el camino formativo para disponernos a escuchar al Señor y reconocer nuevamente su presencia en nuestra historia.

Las reflexiones de cada mañana nos ayudaron a entrar progresivamente en el silencio interior, aprendiendo a detenernos para escuchar a Dios y escuchar nuestra propia vida. En este camino tuvo un lugar especial la gratitud, iluminada por las palabras del salmista: «Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios». Hacer memoria agradecida nos permitió reconocer que nuestra historia vocacional no la hemos recorrido solos. Dios se ha hecho presente en las personas, acontecimientos, experiencias y mediaciones que han acompañado nuestro camino.

Una de las preguntas que iluminó especialmente estos días fue aquella que Jesús dirigió a sus primeros discípulos: «¿Qué buscan?» (Jn 1,38). La pregunta también resonó en nuestra propia experiencia vocacional y nos llevó a revisar las motivaciones que sostienen nuestro seguimiento de Jesús. La respuesta del Señor, «Vengan y lo verán» (Jn 1,39), nos recordó que la vocación no se comprende solamente desde ideas o proyectos personales, sino desde el encuentro con una Persona: Jesucristo.

Durante las tardes, las reflexiones nos permitieron entrar en sintonía con el camino que la Congregación viene realizando en torno a la renovación espiritual de sus misioneros, especialmente a partir de las búsquedas y orientaciones del Congreso de Espiritualidad de Vic (2024) y del reciente Encuentro de Espiritualidad de MICLA en Panamá (2026). Desde esta perspectiva, fuimos invitados a mirar nuestra propia realidad y preguntarnos: ¿de dónde venimos?, ¿Dónde estamos? y ¿hacia dónde vamos?

Este ejercicio de revisión nos llevó también a discernir las semillas y las cizañas presentes en nuestra vida personal, comunitaria y vocacional. Reconocer aquello que nos hace crecer y aquello que poco a poco puede apagar la vida se convirtió en una invitación al discernimiento. Fue necesario identificar qué realidades nos nutren y dan vida, cuáles necesitamos cuidar y cuáles, por el contrario, nos quitan fuerza, alegría o disponibilidad para la misión.

Estos días de retiro han sido una oportunidad para volver a lo esencial: el encuentro con Jesús como fuente de nuestra vocación y de nuestra misión. En el silencio, la oración y la memoria agradecida pudimos reconocer que ser misioneros exige cultivar una profunda vida interior. No podemos anunciar aquello que no dejamos primero transformar en nosotros por el Señor. Esto es una gracia, un don que debemos pedir.

Al concluir estos días, regresamos al camino formativo con el deseo de continuar creciendo como misioneros místicos, hombres capaces de contemplar, discernir, agradecer y de entregar la propia vida al servicio del Evangelio. La experiencia nos recuerda que la renovación misionera comienza también en el corazón de cada uno y que, cuando reconocemos con gratitud el amor que hemos recibido, encontramos nuevas razones para entregarnos a los demás.