Por: Norman Oviedo
San Pedro Sula, Honduras
20-8-26

Los pregones misioneros en la parroquia Inmaculado Corazón de María, llegaron como siempre llega Dios, en el momento perfecto. Para animarnos, unirnos, reavivarnos, contagiarnos de alegría, de amor, de esperanza, pero sobre todo para renovar nuestra espiritualidad y compromiso. Hemos sido testigos privilegiados de cómo los hermanos de cada comunidad han recibido con alegría, ansias y curiosidad los pregones, con un corazón abierto y una mente receptiva; hemos hablado de Jesucristo, el Dios de Jesucristo, el amor cristiano y la Iglesia.

Hemos visto como a través de los pregones los hermanos se han sentido identificados con las historias que hemos narrado, algo ha cambiado en cada comunidad después de recibir a los pregoneros y vivir cada día de la semana un tema diferente. Las comunidades se han llenado de esperanza, han comprendido que la caridad, el amor y la fraternidad son las bases para hacer cada día más fuerte y unida a nuestra madre Iglesia.

El aprender a reconocer el rostro de Dios en cada uno de nuestros hermanos, nos ha dado un maravilloso nuevo propósito en nuestras vidas: “Vivir para servir“; que hermosos momentos nos ha dejado los pregones, alegrías, lágrimas y reconciliaciones. También aprendimos a caminar mientras tengamos luz, antes que nos envuelvan las tinieblas.

Nuestra vida cristiana no volverá a ser igual, los pregones han construido lazos que jamás se romperán. Dios ha mostrado en algunos hermanos dones hasta ahora ocultos y el amor por el servicio comunitario ha recibido una enorme dosis de fuerza espiritual. Ahora vienen nuevas metas, nuevos proyectos, no nos detendremos, sabemos que unidos nuestra voz es más fuerte y estamos listos para que el mundo nos escuche decir “Jesús está Vivo y nos invita a su banquete celestial”.