Monte Alverna, Ciudad de Panamá

15 de julio del 2026

Síntesis de la ponencia

“Contar la historia de Jesús: arraigados y audaces en América”

P. Antonio Ferreira, CMF y Hno. Fernando Kuhn, CMF

La jornada comenzó con la contemplación de Jn 15,4-8, donde Jesús invita a permanecer unidos a Él como la vid y los sarmientos. Desde esta Palabra se recordó que solo una vida profundamente arraigada en Cristo puede dar fruto y seguir narrando hoy la historia de Jesús con creatividad, alegría y esperanza.

Los ponentes propusieron releer la espiritualidad claretiana desde un itinerario de discernimiento inspirado en el método ver – juzgar/discernir – actuar – evaluar, entendiendo que la espiritualidad auténtica siempre es dinámica, comunitaria y movida por el Espíritu.

1. Ver: ¿Quién es Jesús para nuestro pueblo hoy? 

La primera invitación fue a mirar con honestidad la realidad actual. Ya no es evidente que nuestras sociedades conozcan a Jesús ni que la fe se transmita automáticamente de generación en generación. América sigue siendo un continente creyente, pero crece el pluralismo religioso, la indiferencia espiritual y una fe muchas veces fragmentada.

Resuena nuevamente la pregunta de Jesús en Cesarea de Filipo:

“¿Quién dice la gente que soy yo?… ¿Y ustedes quién dicen que soy yo?”

Los ponentes señalaron que hoy existe una profunda necesidad de resignificar el lenguaje cristológico, porque muchas personas, especialmente los jóvenes, ya no encuentran espontáneamente sentido en la figura de Jesús.

Esta realidad exige una nueva evangelización que no dé por supuesto el encuentro con Cristo.

2. Discernir: volver al Jesús histórico 

Para responder a los desafíos actuales es necesario regresar al modo como Jesús mismo anunció el Reino.

Los ponentes propusieron tres pasos para este discernimiento:

• conocer históricamente lo que Jesús hizo y dijo;
• descubrir las preguntas humanas que estaban detrás de sus acciones;
• inculturar hoy ese mensaje en nuestros contextos concretos.

Solo así podremos “reescribir los Evangelios” en nuestro tiempo, es decir, volver a narrar la historia de Jesús desde las preguntas y heridas de nuestro continente.

3. ¿Cómo comenzó Jesús? 

Una intuición especialmente iluminadora fue reconocer que Jesús comenzó su misión de dos maneras muy concretas:

• anunciando una Buena Noticia antes que una lista de exigencias;
• formando inmediatamente una comunidad de discípulos, porque nunca pensó la misión como una tarea individual.

Esta constatación llevó a una pregunta para todos:

¿Nuestro anuncio sigue siendo realmente una Buena Noticia?

¿Nuestras comunidades generan encuentro y pertenencia o simplemente reúnen personas alrededor de actividades religiosas?

4. El Reino de Dios como centro 

El núcleo de la predicación de Jesús fue el Reino de Dios.

Los ponentes recordaron que este Reino:

• ya está actuando en la historia;
• sigue viniendo;
• debe ser esperado y pedido constantemente.

El Reino se manifiesta especialmente en la cercanía a los pobres, a los excluidos y a quienes la religión había condenado.

Jesús no comienza juzgando; comienza restaurando la dignidad de las personas.

Su manera de actuar revela una espiritualidad profundamente liberadora.

5. Aprender el lenguaje de Jesús 

Se destacó el valor pedagógico de las parábolas.

Jesús hablaba con imágenes tomadas de la vida cotidiana, utilizaba incluso la exageración para provocar preguntas y conducir a una comprensión más profunda del Reino.
Esto llevó a una provocación muy concreta:

Hoy también necesitamos inventar nuevas parábolas, capaces de hablar al hombre y a la mujer contemporáneos, utilizando los lenguajes, símbolos y experiencias de nuestras culturas.

6. Una espiritualidad arraigada y audaz 

La segunda parte de la reflexión insistió en algunos rasgos de la espiritualidad misionera que necesita hoy América:

• recuperar la interioridad frente al activismo;
• cultivar una profunda experiencia de encuentro con Cristo;
• integrar contemplación y acción;
• vivir una Iglesia en salida;
• anunciar un Evangelio que sane, incluya y libere;
• mantener una actitud profética frente a las injusticias;
• actuar con creatividad misionera, dejándose conducir por el Espíritu.

Los ponentes recordaron que una Iglesia sin interioridad corre el riesgo de hablar mucho de Dios sin escuchar realmente a Dios.

7. Compartir en parejas 

Después de la exposición, los participantes dialogaron sobre las preguntas:

• ¿Qué desafíos encuentro para seguir contando hoy la historia de Jesús?
• ¿Quién es Jesús para las personas de mi realidad?
• ¿Cómo hacer que nuestro anuncio vuelva a ser una verdadera Buena Noticia?

En el compartir aparecieron temas como:

• la necesidad de un lenguaje más cercano y humanizador;
• la importancia del testimonio antes que de los discursos;
• el acompañamiento de personas heridas;
• el equilibrio entre oración y compromiso social;
• la urgencia de formar verdaderas comunidades y no solamente ofrecer servicios religiosos.

Cuatro ideas esenciales para la plenaria 

1. La historia de Jesús necesita volver a ser narrada en los lenguajes y desafíos del mundo actual, donde la fe ya no puede darse por supuesta.
2. Toda espiritualidad misionera nace del encuentro vivo con Cristo, permanece arraigada en Él y evita tanto el activismo como una espiritualidad desencarnada.
3. Jesús comienza anunciando una Buena Noticia y formando comunidad; también nuestra misión debe generar esperanza y comunión antes que imponer cargas.
4. La audacia misionera consiste en encarnar hoy el Evangelio, creando nuevas formas de anunciar el Reino, cercanas a las heridas, búsquedas y esperanzas de los pueblos de América.

Segundo momento de la mañana 

La segunda parte de la jornada estuvo a cargo nuevamente de Fernando Kuhn, CMF y Antonio Ferreira, CMF, quienes profundizaron el tercer momento del itinerario metodológico: “Actuar-Sentipensar: compromisos de prácticas misioneras inspiradas en Jesús”.

Previo a la intervención de ambos, el P. Edgardo Guzman, CMF partiendo de la expresión “contar la historia de Jesús”, inspirada en la obra póstuma de Gustavo Gutiérrez Vivir y pensar a Dios desde los pobres, destacó que la espiritualidad claretiana encuentra su razón de ser en el anuncio de Jesucristo vivo. Insistiendo en la necesidad de volver constantemente a los Evangelios para redescubrir la frescura del Jesús histórico, evitando reducir la fe únicamente a formulaciones doctrinales o a una predicación centrada exclusivamente en la Resurrección. Se recordó que los Evangelios nacieron precisamente porque las primeras comunidades sintieron la necesidad de volver a narrar la vida, los gestos y las palabras de Jesús.

La reflexión invitó a contemplar a Jesús desde su humanidad concreta y desde su cercanía con los crucificados de la historia, mostrando que anunciar al Resucitado implica también solidarizarse con quienes hoy continúan viviendo situaciones de exclusión, pobreza y sufrimiento. Se resaltó igualmente la figura de María como paradigma del discipulado, especialmente desde su experiencia de mujer pobre, madre en la precariedad, refugiada y solidaria con los sufrimientos del pueblo.

Los ponentes insistieron en que la misión claretiana está llamada a escribir hoy “pequeñas historias de Jesús”: presencias sencillas, discretas y transformadoras que, aunque no ocupen los grandes titulares, continúan haciendo visible el Reino de Dios en las comunidades, especialmente en las periferias geográficas y existenciales.

Como compromisos concretos fueron propuestos: 

• cultivar una profunda vida interior mediante la oración, la escucha de la Palabra y el silencio contemplativo;
• fortalecer una misión encarnada entre los pobres, los jóvenes y las periferias;
• asumir el compromiso con la justicia, la defensa de la vida y el cuidado integral de la creación;
• fortalecer pequeñas comunidades misioneras capaces de discernir la realidad con los ojos de Jesús;
• promover la creatividad pastoral mediante nuevos lenguajes y medios digitales;
• impulsar una formación permanente que integre estudio, oración, discernimiento y acción.

Posteriormente, los participantes realizaron una breve conversación en parejas y luego una puesta en común en asamblea. Entre las resonancias más significativas surgieron la necesidad de pasar de una pastoral de espera a una verdadera Iglesia en salida; recuperar la visita misionera casa por casa; escuchar más profundamente la realidad de las personas; descubrir las nuevas pobrezas urbanas y existenciales; fomentar la creatividad evangelizadora; fortalecer la dimensión contemplativa de la misión y mantener siempre la opción preferencial por los pobres como criterio evangélico de discernimiento.

Como síntesis del trabajo desarrollado durante la mañana, los expositores presentaron un documento titulado “Contar la historia de Jesús hoy”, elaborado como texto de convergencia. En él se reafirmó que la misión claretiana en América debe caracterizarse por una espiritualidad profundamente arraigada en la Palabra de Dios, una esperanza activa, una misión audaz, sinodal, intercultural y profética, inspirada en las orientaciones del Documento de Aparecida, Evangelii Gaudium y del último Capítulo General. Se destacó que la esperanza cristiana no es pasividad, sino fuerza transformadora que sostiene el compromiso con los pueblos y mantiene vivo el sueño de Dios en la historia.

Antes de concluir la sesión, el P. Carlos Sánchez, CMF, ofreció una explicación pedagógica del método de la Conversación en el Espíritu, recordando que no se trata de un debate ni de una dinámica grupal, sino de un verdadero ejercicio comunitario de discernimiento espiritual. Explicó sus seis momentos fundamentales: oración personal, primera ronda de escucha, silencio orante, segunda ronda de resonancias, nuevo silencio, tercera ronda de discernimiento y síntesis, concluyendo con una oración de acción de gracias. Se subrayó la importancia de escuchar al Espíritu que habla tanto en la propia interioridad como en la voz de los hermanos.

Finalmente, la mañana concluyó con la fraterna visita de Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, quien dirigió un saludo a la Asamblea agradeciendo la presencia y el servicio evangelizador de los Misioneros Claretianos en Panamá y en todo el continente americano. Animó a mantener vivo el espíritu misionero de san Antonio María Claret, invitando a que el encuentro fortalezca una Iglesia con el corazón ardiente y cercana a los pobres. Como signo de comunión eclesial, hizo entrega al Superior General de una imagen de Santa María la Antigua, patrona de la República de Panamá y de su primera diócesis en Tierra Firme, expresando el deseo de que la Virgen continúe acompañando la misión claretiana en América. La sesión concluyó con el canto oficial del Encuentro y el anuncio del trabajo vespertino centrado en la práctica de la Conversación en el Espíritu.

Conversación en el Espíritu por Organismos 

Durante la sesión de la tarde se realizó la Conversación en el Espíritu por Organismos Mayores, conformándose los siguientes grupos: Estados Unidos–Canadá, Centroamérica, Colombia–Ecuador–Venezuela, Perú–Bolivia, San José del Sur y Brasil.

Cada organismo compartió las resonancias surgidas a partir de las semillas, los elementos irrenunciables y las llamadas para la espiritualidad claretiana en América, buscando discernir los acentos que el Espíritu suscita en cada realidad.

En la plenaria se evidenciaron importantes convergencias, entre las que destacan:

* La centralidad de Jesucristo y el retorno constante al Jesús del Evangelio como fuente de la espiritualidad y de la misión.
* La necesidad de fortalecer la vida interior, la oración apostólica y el discernimiento como fundamento de la acción misionera.
* El cuidado de la vida comunitaria, de las relaciones fraternas y de la propia humanidad como expresión de una espiritualidad encarnada.
* La vivencia de la sinodalidad y de la misión compartida con los laicos y las diversas vocaciones de la Iglesia.
* La opción por los pobres, la cercanía compasiva a las personas y el compromiso con el cuidado de la creación.
* La actualización permanente del carisma claretiano mediante procesos de formación, conversión personal, comunitaria y pastoral.
* El desafío de integrar en una verdadera síntesis vital la oración, la fraternidad y la misión, de modo que la espiritualidad sea visible en el estilo de vida y en el servicio evangelizador.
Las aportaciones de los distintos organismos fueron recogidas por la Comisión de Redacción para elaborar una síntesis común que servirá de base para la formulación de las llamadas y orientaciones finales del Encuentro.