San Salvador acoge a representantes de todas las Provincias Claretianas de América para discernir, desde el pueblo, los desafíos de la misión y el compromiso con la justicia, la paz y la integridad de la creación.
Por: LCC. Jesús Jiménez Contreras / Secretaría de Comunicación y sus medios.
San Salvador, El Salvador. Con una invitación a renovar la conciencia de haber sido “ungidos” para la misión y a caminar junto a los pueblos con humildad, esperanza y compromiso, comenzó en San Salvador la V Asamblea Intercontinental de SOMI-MICLA 2026, que reúne a representantes de todas las Provincias Claretianas de América.

La jornada inaugural se abrió con un momento de oración y continuó con la Misa de inicio, presidida por el P. Antonio Llamas, CMF, secretario general de JPIC, y la homilía estuvo a cargo del P. Javier Hernández, CMF, en la que resonó con fuerza la llamada del Evangelio a reconocer que la misión no nace de la iniciativa personal ni del protagonismo, sino de una gracia recibida.
En la homilía, se recordó que la conciencia de haber sido ungidos cambia profundamente la manera de comprender el servicio.
«”Antes de actuar y de ir al mundo, primero hemos recibido una gracia y una consagración que trascienden nuestras propias capacidades.”»
Desde esa certeza, nos invitan a vivir la misión con humildad, reconociendo que es Dios quien capacita, sostiene y da sentido a la tarea encomendada.
¿Dónde estamos? ¿Quiénes son hoy los pobres?
A la luz del Evangelio de Lucas, la reflexión dirigió la mirada hacia las realidades concretas de nuestros pueblos: los pobres, los oprimidos, los cautivos y los “ciegos” de nuestro tiempo.

La pregunta no quedó en el plano teórico. “¿Dónde estamos? ¿Quiénes son hoy los pobres y los oprimidos?”, fue el horizonte desde el cual se invitó a las comunidades claretianas a mirar sus propios territorios y reconocer a quienes viven la pobreza, la violencia, la discriminación, la soledad o las múltiples formas de exclusión que siguen quebrantando la dignidad humana.
La unción, recordó la homilía, cobra sentido cuando se convierte en acompañamiento, servicio y compromiso concreto con la justicia.
Trabajar con el pueblo, no para el pueblo
Uno de los acentos más significativos de la celebración fue la invitación a superar cualquier forma de paternalismo. La misión claretiana no consiste en asumir el papel de “salvadores” ni en actuar como si fuéramos mesías de las comunidades.
La verdadera sinodalidad, se subrayó, pasa por “trabajar con y no para” las personas y comunidades, reconociéndolas como sujetos y protagonistas de su propia historia.
Esta perspectiva invita a pasar de considerar a los más vulnerables como simples destinatarios de ayuda a reconocerlos como compañeros de camino, portadores de sabiduría, esperanza y capacidad transformadora.
Una esperanza que se atreve a parir madrugadas
El espíritu de la Asamblea quedó expresado en el lema que acompañará estos días de encuentro y discernimiento:
«”En esta hora tardía del pueblo venimos y hacia el Reino vamos. Seguimos con terca esperanza, alrededor del Pueblo con el corazón ardiendo en las manos, pariendo madrugadas.”»

Estas palabras resumen el horizonte común de la familia claretiana reunida en San Salvador: permanecer cerca del pueblo, mantener viva una esperanza que no se resigna y seguir construyendo, desde la misión compartida, nuevas posibilidades de vida y de Reino.
La homilía concluyó con una afirmación sencilla y contundente sobre la igualdad y la dignidad que deben marcar el camino común:
«”Aquí todos somos iguales. Aquí no hay nadie más que nadie; todos valemos ante Dios. El esfuerzo de todos es tan importante, lo que haga alguien, aunque sea pequeño, como el que tenga la carga más grande.”»
Con esta celebración eucarística quedó inaugurada la V Asamblea Intercontinental de SOMI-MICLA 2026, que durante los próximos días será un espacio de escucha, discernimiento y comunión entre las Provincias Claretianas de América, llamadas a renovar su compromiso con la justicia, la paz, la integridad de la creación y la misión al servicio de los pueblos.
Desde San Salvador, la familia claretiana vuelve a ponerse en camino: con el corazón ardiendo en las manos y con una esperanza terca, dispuesta a seguir pariendo madrugadas.


