Una visita a la misión claretiana de Semají, en Izabal (Guatemala), permitió descubrir de cerca una Iglesia que evangeliza caminando junto a las comunidades, promoviendo la dignidad humana y manteniendo viva la esperanza en los lugares más apartados.

Por: Jesús Jiménez
Secretario de Comunicaciones
Ciudad de Panamá, Panamá
20-07-2026

Hay lugares que no se comprenden leyendo informes o viendo fotografías. Hay que recorrerlos, caminar sus senderos, escuchar a su gente y dejarse sorprender por la sencillez con la que el Evangelio se hace vida. Esa fue la experiencia que tuve al visitar la misión claretiana de Semají, en Izabal, Guatemala.

Como secretario provincial de Comunicación, tuve la oportunidad de conocer de cerca una pequeña parte del inmenso trabajo que realizan los Misioneros Claretianos en esta región. Visité únicamente dos comunidades de las muchas que conforman esta extensa misión, pero bastaron para comprender la grandeza del servicio que allí se presta.

La misión de Semají está integrada mayoritariamente por comunidades Q’eqchi’ (Kekchí) y, en menor número, por comunidades conocidas como castellanas, denominación que hace referencia a aquellas poblaciones donde el idioma predominante es el español o castellano, en contraste con las comunidades cuya lengua materna es el q’eqchi’. La riqueza cultural de ambas realidades constituye uno de los grandes tesoros de esta Iglesia misionera.

Más allá de los paisajes, lo que realmente impacta es descubrir cómo la misión se abre paso en medio de las dificultades. Muchas comunidades se encuentran alejadas de los centros poblados; algunas solo pueden visitarse caminando largos trayectos por senderos de montaña, cruzando ríos o recorriendo caminos de tierra que, durante la época de lluvias, se vuelven todavía más difíciles de transitar. Sin embargo, estas condiciones no detienen el compromiso de los misioneros, quienes continúan llegando hasta donde las personas los esperan para anunciar la Palabra de Dios, celebrar la Eucaristía, administrar los sacramentos y acompañar la vida de las comunidades.

La comunidad claretiana de Semají, integrada actualmente por cuatro misioneros sacerdotes y un estudiante, desarrolla su servicio desde la Parroquia San Antonio de Padua, verdadero corazón de esta extensa misión. Desde allí se coordina la atención pastoral de las numerosas comunidades, la formación de agentes de pastoral, la celebración de los sacramentos y el acompañamiento permanente a las familias, haciendo de la parroquia un auténtico centro de animación misionera.

Su compromiso evangelizador también se extiende a otros ámbitos de la vida comunitaria. Entre ellos destaca el acompañamiento que brindan al Centro Educativo San Pablo, colaborando de diversas maneras con esta importante obra educativa y respaldando iniciativas que contribuyen al desarrollo integral de la comunidad. De esta forma, la misión claretiana pone de manifiesto que anunciar el Evangelio también implica promover la dignidad humana, fortalecer el tejido social y generar oportunidades que transforman la vida de las personas y de las comunidades.

Uno de los aspectos que más llamó mi atención fue conocer el trabajo que, desde hace muchos años, se realiza a través de las cajas de ahorro, una iniciativa que ha permitido fortalecer la organización y la economía familiar de numerosas comunidades. Mediante este proyecto, especialmente impulsado entre mujeres Q’eqchi’, se promueve el ahorro solidario, la ayuda mutua y el desarrollo de pequeños emprendimientos que generan ingresos para las familias. Con el apoyo de diferentes organismos y de la propia misión, muchas comunidades han logrado impulsar proyectos como hornos comunitarios para la elaboración de pan y otros productos, favoreciendo el desarrollo local. Más que un programa económico, las cajas de ahorro representan una verdadera escuela de solidaridad, corresponsabilidad y esperanza.

Otro momento profundamente significativo fue participar en la celebración de la solemnidad en la comunidad de Chinacadena. Allí pude experimentar la belleza de una Iglesia que evangeliza respetando y valorando la riqueza de cada cultura. Escuchar las lecturas y las oraciones en lengua Q’eqchi’, contemplar las expresiones propias de su tradición y compartir la alegría de la celebración me recordó que el Evangelio encuentra múltiples maneras de expresarse sin perder su esencia. Es una sola fe, un solo Señor, vivido con la riqueza cultural de cada pueblo.

Regreso de Semají con una profunda admiración por nuestros hermanos misioneros y por las comunidades que, con una fe sencilla y firme, mantienen viva la esperanza. Allí comprendí que la misión no se mide por las distancias recorridas ni por las dificultades del camino, sino por la entrega cotidiana de quienes, con humildad y perseverancia, siguen haciendo presente el Reino de Dios en los lugares más apartados.

“Semají me recordó que la misión no siempre se mide por la cantidad de actividades realizadas, sino por la capacidad de caminar junto a las personas, compartir su realidad y hacer presente el amor de Dios allí donde más se necesita. Regreso profundamente agradecido por el testimonio de nuestros hermanos claretianos y de las comunidades Q’eqchi’, que, con su fe sencilla, su alegría y su esperanza siguen enseñándonos que el Evangelio cobra vida cuando se vive y se comparte”.

Más que visitar una misión, tuve la gracia de encontrarme con una Iglesia en salida, una Iglesia que camina junto a su pueblo, que evangeliza promoviendo el desarrollo humano integral y que, fiel al espíritu de san Antonio María Claret, continúa anunciando el Evangelio con los pies sobre la tierra y el corazón puesto en Dios.