Miércoles 2 de setiembre, 2026

Iniciamos nuestra jornada del día compartiendo un desayuno que nos dejó el alma y el cuerpo llenos de energía y esperanza.

Pasamos al momento de oración a cargo de nuestros hermanos y hermanas de Brasil por la comunidad LGTBQ +, visibilizando su dolor ante la discriminación, y toda clase de irrespeto a sus derechos humanos. Esta hermosa oración suscitó en nosotras/as empatía y nos conectó con el dolor ajeno, nos produjo: tristeza por la persistencia del rechazo social, compasión, pues deseáramos aliviar el sufrimiento de tantas víctimas, y esperanza: queremos ser agentes de cambio en las comunidades con las que estamos comprometidos/as.

Al finalizar la oración nos trasladamos al salón para escuchar la lectura del acta, la crónica y los aportes de las antenas.

Seguidamente escuchamos la experiencia significativa de la Delegación de Estados Unidos “Trabajando con comunidades vulnerables, inmigrantes y campesinos”, desde una espiritualidad martirial, haciendo un paralelismo con escenas de la película “Un Dios Prohibido”, que nos confronta con las realidades tan dolorosas, y deshumanizantes que están viviendo estas personas encarceladas injustamente. El acompañamiento que se brinda les devuelve la esperanza y les ayuda a sostener su fe.

Después de saborear un rico refrigerio continuamos con la experiencia significativa de México presentada por el padre Juan Manuel Buzo y el padre Jean a través de un video que nos transmite, en medio de las dificultades vividas por las comunidades de Costa Chica, Oaxaca y Mexcalcingo, gran regocijo, porque fuimos testigos de ver “felicidad” donde se supone no debería haber motivos para ello.

Luego, San José del Sur cuenta su experiencia del paso de migrantes de la Quiaca: por medio de un video muy emotivo, nos comparten la vivencia migratoria en medio del Río Intercontinental, donde se entrecruzan la vida y la muerte, los derechos y el dolor: son historias de sufrimiento, pero también de optimismo y fe. La misión no tiene fronteras.

A continuación, el padre Henry Ramírez, CMF, integrante del equipo de la ONU, nos expone un análisis geo-político: Una mirada a la realidad global. Somos un continente explotado y empobrecido, emergen personajes ligados al orden financiero y que no necesariamente responden a intereses del estado. ¿Cómo recuperar un multilateralismo capaz de poner a las personas y no solamente a los estados en el centro? Es la pregunta que nos queda resonando. Se abre un espacio para preguntas que despertó en toda la asamblea grandes expectativas, un gran escepticismo y una profunda urgencia ante la inercia global, pero también una persistente esperanza en medio del caos.

Salimos a compartir el almuerzo con grandes desafíos, que queremos asumir con convicción. Los alimentos nos dan la fuerza para seguir resistiendo con terca esperanza.

La jornada de la tarde inició con una dinámica en grupos de soles, planetas, satélites y meteoritos donde pasamos un rato muy divertido, ameno: “jugando inocentemente”, sin darnos cuenta de que estábamos metaforizando las relaciones de poder, las jerarquías, la dependencia y la influencia social que estructuran la sociedad humana y fuimos testigos de la centralización de los recursos dentro de un sistema organizado. Se abrió el espacio para comentarios, la dinámica logró su objetivo y generó en todos/as los participantes sentimientos de poder, de exclusión, de impotencia, de limitación.

A continuación, se nos presentó la experiencia significativa de Colombia-Ecuador con tres objetivos de Desarrollo Sostenible: vistiendo y dando alimentación al necesitado y cuidando de la Casa Común.

Nos fimos a la merienda, el calor del día no se compara con el calor de la fraternidad y sororidad que disfrutamos como familia que arde en caridad.

Al volver al salón pudimos escuchar a Claudia, Rafa y Emilia que nos muestran la temática de: “Colonización, colonialidad y Derechos Humanos”. Se nos hizo un recorrido por la historia a partir de 1492 como punto de inflexión para el Abya Yala. La colonización nos presentó otro marco civilizatorio y el saber ancestral se invisibilizó. Con una dinámica de “cerrar los ojos”, se nos invitó a ponernos en los pies de todas estas personas que han sido despojadas de su identidad, de su familia, de sus bienes, de su dignidad. El llamado es: ser Voces Proféticas. La grandeza de una sociedad se mide en cómo tratamos a los más vulnerables. Con la temática de Retroceso de los derechos para las mujeres y las niñas, mujeres sujetas de derechos “sujetadas”: se nos hace tomar conciencia de cómo la sociedad o los gobiernos están quitando, limitando o debilitando libertades y protecciones que ya habían ganado las mujeres tras muchos años de esfuerzo.

La Eucarístía fue presidida por el p. Yonda, ofrecida por los jóvenes, pedimos a Dios por la realidad de soledad y falta de acompañamiento a las Nuevas Generaciones y nos comprometemos en ser apoyo para entrar en sus vidas, acercarnos, levantarlos y que logren ponerse al servicio.

Seguimos escuchando el clamor de los pueblos LGTBQ+ , de los pueblos originarios, de la Madre Tierra, de las mujeres y de los jóvenes, ojalá que seamos capaces de estar atentos/as y no hacernos de oídos sordos, que podamos hacer vida el ser “Oyentes y servidores de la Palabra”. Y que continuemos con la terca esperanza de seguir celebrando la vida, y para ello dimos el primer paso con una hermosa noche cultural…