Por: E. Gilmer Sánchez Chán, cmf.
Procurador Provincial

     Como Misioneros Claretianos, tenemos el objetivo de buscar la gloria de Dios y el bien de la humanidad, santificando nuestra vida en el día a día, colaborando en la misión de la Iglesia desde nuestro carisma claretiano (CC 2). Cuando hablamos de misión a veces se piensa en montañas, zonas de difícil acceso, islas, desiertos y lugares muy difíciles de llegar; sin embargo, la misión es de cada día en el encuentro con los hermanos, en las giras misioneras, en las parroquias, en los colegios, en los centros de espiritualidad, es decir, en donde quiera que nos encontremos hay siempre un compromiso misionero, para evangelizar a veces se necesitan palabras y otras veces basta con el testimonio.

     Como cristianos estamos llamados a vivir el Evangelio compartiendo nuestra vida con alegría y entrega, especialmente con los más necesitados en las distintas periferias geográficas y existenciales. Nuestra misión es adherirnos al proyecto de nuestro Señor Jesucristo, es decir orientar el corazón hacia Dios (CC 51-52).

     Por eso, desde nuestra espiritualidad claretiana, estamos llamados a responder a los signos de los tiempos, acompañando al pueblo de Dios, en sus miedos y angustias, en sus gozos y esperanzas, tal como lo hicieron los primeros discípulos del maestro. En este año, como Procura Misionera, el tema ha sido las migraciones, y en Centroamérica no somos ajenos a este tema porque cada día lo vivimos, desde el Tapón del Darién en Panamá, hasta la frontera de Guatemala con México. Donde muchos claretianos han sido una mano amiga para las personas que dejan a sus familias, sus sueños, sus proyectos para ir en busca de algo mejor y así salir adelante, sin embargo, los misioneros también han sido testigos del sufrimiento de muchos que tuvieron que devolverse a su país por distintas razones.

     En Centroamérica estamos comprometidos a seguir llevando esperanza, cada claretiano en su misión, en un lugar concreto, en el aquí y ahora, porque donde hay un claretiano se enciende el amor de Dios, luchando en imitar a Cristo, en orar, en trabajar, en sufrir, en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de los hombres (CC9).

     Quiero agradecer a los hermanos claretianos, por la promoción del Día de las Misiones, en algunas zonas misioneras ya se ha promovido y en otras aún se vivirá próximamente, pero todos estamos en sintonía con nuestra Congregación.