Monte Alverna, Ciudad de Panamá

Viernes 10 de julio de 2026

En la jornada del viernes 10 de julio de 2026, el Encuentro continuó su itinerario de reflexión y discernimiento con la participación de la Hna. Liliana Franco, ODN, quien ofreció cuatro momentos formativos orientados a reconocer las llamadas de Dios en los signos de los tiempos y a fortalecer una respuesta misionera desde la esperanza y la sinodalidad.

1. Las llamadas de Dios en los signos de los tiempos.

Claves para el discernimiento

La Hna. Liliana propuso un itinerario de discernimiento cristiano estructurado en cuatro momentos: ofrecer claves para el discernimiento, realizar una lectura creyente de la realidad, descubrir motivos de esperanza y preparar un “plan para resucitar” mediante la metodología de la Conversación en el Espíritu.

Como imagen transversal de la jornada presentó la tierra, entendida tanto en su dimensión geográfica como existencial, invitando a cada participante a reconocer la tierra a la que está abrazado y desde la cual Dios continúa llamándolo. Subrayó que el discernimiento exige aproximarse a la realidad “desde abajo, desde dentro y desde cerca”, siguiendo la lógica de la Encarnación.

Destacó que incluso la noche, la incertidumbre y la fragilidad pueden convertirse en espacios fecundos donde Dios prepara vida nueva, y presentó diversas claves para un discernimiento auténticamente cristiano: reconocer la realidad como lugar teológico, cultivar la escucha atenta, fortalecer la sensibilidad y la compasión, dejarse conducir por el Espíritu con libertad interior, crecer en humildad, silencio y austeridad, y asumir que el discernimiento conduce siempre a la conversión y a la salida misionera.

2. Escuchar las llamadas de Dios en la complejidad de la realidad

En la segunda ponencia, la conferencista invitó a contemplar críticamente la realidad de América Latina y el Caribe, expresando una resistencia evangélica frente a la crueldad, la desigualdad, la xenofobia, el deterioro del planeta y toda forma de deshumanización.

Recordó que la realidad no es simplemente un objeto de análisis, sino una “parcela del Reino” donde Dios se manifiesta y llama. A partir de ello, presentó diversos signos de los tiempos: las pandemias y la vulnerabilidad humana, el modelo económico excluyente, la cultura del descarte, el clamor de la tierra, la violencia y la corrupción, los desafíos educativos, la migración, la situación de los pueblos indígenas y afrodescendientes, y el impacto de la comunicación y la desinformación.

En el ámbito eclesial señaló la creciente secularización, el crecimiento de otras expresiones religiosas, la necesidad de una formación integral, el protagonismo de los jóvenes, la participación de las mujeres, la urgencia de afrontar los abusos con transparencia y la superación del clericalismo mediante una auténtica conversión sinodal.

3. Los signos de los tiempos y las opciones de la Iglesia

La sesión de la tarde inició con el poema “Declaración de domicilio”, invitando a los participantes a preguntarse en qué lado de la vida viven y desean permanecer. La Hna. Liliana recordó que el gran desafío del creyente hoy consiste en dar razón de la esperanza frente al pesimismo y la desesperanza.

Presentó varias opciones fundamentales de la Iglesia en el momento actual: seguir mirando la realidad con los ojos de Dios, reconocer humildemente el propio pecado, caminar hacia la reconciliación, promover una conversión relacional, construir una Iglesia inclusiva, reafirmar la opción por los pobres, fortalecer los procesos de iniciación cristiana, impulsar una reforma permanente desde la santidad y valorar a la familia como espacio privilegiado de aprendizaje del “arte del nosotros”.

Asimismo, destacó la necesidad de repensar los ministerios y las formas de participación eclesial, abriendo espacios para nuevos servicios, especialmente aquellos relacionados con la escucha, el cuidado y el acompañamiento.

4. Mística y misión: un plan para resucitar

En la última ponencia, la Hna. Liliana afirmó que no existe misión auténtica sin experiencia de Dios. La misión nace del encuentro con Cristo y se sostiene en una espiritualidad encarnada que abre los ojos para contemplar la realidad y reconocer allí la presencia de Dios.

Invitó a “aplicar los sentidos” a la misión: ver, escuchar, oler y palpar la realidad. Ver para reconocer al otro como hermano; escuchar para dejar que la historia y el Evangelio transformen la vida; oler para permanecer cercanos al pueblo y a sus sufrimientos; y palpar para tocar la carne herida de la humanidad y descubrir allí el rostro de Cristo.

Subrayó la importancia de volver constantemente al origen y al “amor primero”, de elogiar la cotidianidad como lugar de la manifestación de Dios y de vivir una espiritualidad que se encarne en los territorios y en las relaciones humanas.

Finalmente, propuso construir un “plan para resucitar” que implique vivir la propia vocación con sentido, profundizar en la espiritualidad trinitaria, caminar hacia un modo más sinodal de ser Iglesia, optar por los excluidos, cuidar la casa común, generar redes de colaboración y hacer de las crisis un laboratorio de aprendizaje y esperanza.

Conversación en el Espíritu

Como culminación de la jornada, los participantes realizaron un ejercicio de Conversación en el Espíritu, compartiendo en pequeños grupos tres preguntas fundamentales:

1. ¿Cómo pasó Dios este día por mi vida y qué resonó con mayor fuerza en mí?
2. A la luz de los signos de los tiempos contemplados, ¿Qué nueva humanidad se está gestando en medio de nuestra realidad?
3. Dados quienes somos y la tierra que habitamos, ¿Cuáles son los irrenunciables de nuestro “plan para resucitar”?

Este espacio permitió recoger las resonancias personales y comunitarias de la jornada y orientar el discernimiento hacia compromisos concretos de vida, misión y servicio.

Presentación de las ramas de la Familia Claretiana 

Como cierre de la jornada se realizó un espacio fraterno de presentación de las distintas ramas de la Familia Claretiana presentes en el Encuentro, permitiendo conocer brevemente su historia, carisma y presencia misionera en la Iglesia.

Se presentaron las siguientes ramas:

* Misioneras de San Antonio María Claret, congregación fundada en 1958 en Londrina, Brasil, por el P. Geraldo Fernández, CMF, junto con la Madre Leonia, inspirada en el carisma de san Antonio María Claret. Nacieron tras la separación de las Hijas Pobres de San Antonio y tienen como misión servir a los más pobres entre los pobres por todos los medios posibles.

* Filiación Cordimariana, instituto secular fundado en 1943, inspirado en la espiritualidad claretiana. Sus miembros viven la consagración en medio del mundo, haciendo del trabajo cotidiano un espacio de apostolado y construcción del Reino, profesando los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia.

* Religiosas de María Inmaculada – Misioneras Claretianas, congregación fundada en 1855 en Cuba, dedicada especialmente a la educación y promoción integral de niñas y jóvenes en situación de mayor vulnerabilidad.

* Seglares Claretianos, Asociación Internacional de fieles laicos que, en Colombia, Centroamérica, México y otros países de América celebran 43 años desde su aprobación. Su misión consiste en vivir y difundir el espíritu de san Antonio María Claret mediante la formación, la oración filial y el compromiso apostólico.

* Misioneros Claretianos (CMF), congregación fundada por san Antonio María Claret el 16 de julio de 1849, que este año celebra 177 años de servicio misionero al anuncio del Evangelio.
Este momento permitió fortalecer el sentido de pertenencia a una misma familia carismática, reconocer la riqueza y complementariedad de las diversas vocaciones inspiradas en el carisma claretiano y renovar el compromiso de caminar juntos al servicio de la misión de la Iglesia.