Por: Lcc. Jesús Jiménez Contreras
Secretario de comunicación.
Ciudad de Panamá, Panamá
20-5-2026

     ​En el marco de la 60ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, celebrada este mes de mayo, nos detenemos ante un lema que actúa como brújula y urgencia: “Preservar los rostros y las voces humanas”. El Papa León XIV, a través de su mensaje para esta jornada, nos advierte con claridad sobre los desafíos monumentales que enfrentamos en la era actual.

La Comunicación como Motor de Encuentro.
​    La comunicación social no es simplemente la transmisión de datos; es el proceso vital mediante el cual intercambiamos ideas, valores y mensajes que construyen comunidad. Su propósito es noble: informar, educar, influir positivamente y generar diálogo. Sin embargo, hoy vemos cómo estas herramientas se utilizan a veces para fines opuestos, impactando negativamente en el comportamiento de nuestras sociedades.

​El Papa León XIV es enfático: la Inteligencia Artificial (IA) ha llegado para quedarse, integrándose no solo en nuestros trabajos, sino en nuestra vida diaria. El riesgo fundamental es perder lo más humano en nuestra forma de comunicar. Se nos llama a evitar convertirnos en “consumidores pasivos” y a rechazar una comunicación artificial y deshumanizada que nos aleje de la realidad del otro.

​La Identidad del Misionero Digital.
​Para quienes nos dedicamos a la comunicación, especialmente dentro de la Iglesia, el compromiso es mayor. Debemos tener clara nuestra identidad. Según el informe del Sínodo de octubre de 2023 (Capítulo 17), el misionero digital es aquel creyente que, consciente de su vocación bautismal, asume el compromiso de anunciar el Evangelio en el entorno digital con responsabilidad, creatividad y fidelidad al mensaje cristiano.

​     No actuamos en nombre propio; somos servidores de la comunidad y testigos del Reino. Para cumplir esta misión, debemos cultivar tres pilares fundamentales extraídos del mensaje del Santo Padre:

 Verdad y Responsabilidad: Comunicar con honestidad en un mundo lleno de ruido digital.
 ​Educación para el Discernimiento: Aprender a distinguir lo humano de lo puramente algorítmico.
 ​Servicio: Entender que la tecnología debe servir al ser humano y nunca reemplazarlo.

Una Misión que Comunica.
​     Como bien señala el Papa, la comunicación más poderosa no es la más sofisticada tecnológicamente, sino la más humana, verdadera y capaz de crear encuentro. El desafío actual es cómo comunicar este mensaje de esperanza en medio de la frialdad de las pantallas.

Debemos recordar que, en cualquier entorno, pero especialmente en nuestra labor eclesial, la comunicación es la columna vertebral de la acción. Al final del día, debemos grabar en nuestro corazón una verdad fundamental: una misión sin comunicación efectiva es una misión incompleta. Nuestra tarea es asegurar que, a pesar de los avances técnicos, la voz que se escuche y el rostro que se vea sigan siendo, ante todo, profundamente humanos.