Por: Luis Herrera
Ciudad de Panamá, Panamá
20-06-2026
Como muchos, he estado viendo el Mundial estos días. Hay algo especial en el fútbol que logra unir a personas de diferentes países, idiomas y culturas. Durante noventa minutos, millones de personas sienten alegría, nervios, esperanza o tristeza por un mismo partido. Y mientras veía algunos juegos, me puse a pensar que el fútbol y la fe tienen más cosas en común de las que a veces creemos.

En el fútbol no siempre gana el favorito. Hay equipos que parecen invencibles y terminan perdiendo, mientras que otros sorprenden cuando nadie esperaba nada de ellos. La vida también es así. A veces hacemos planes que no salen como queremos, nos equivocamos o atravesamos momentos difíciles. En esos momentos, la fe nos ayuda a seguir adelante, incluso cuando no entendemos todo lo que está pasando.
También me llama la atención cómo los jugadores entrenan durante años para un partido que puede durar apenas unas horas. Detrás de cada gol hay sacrificio, disciplina y esfuerzo. La fe funciona de manera parecida. No se trata solo de creer cuando todo va bien, sino de construir una relación con Dios día tras día, incluso cuando no vemos resultados inmediatos.

Otra cosa que admiro es el trabajo en equipo. Ningún jugador puede ganar un Mundial completamente solo. Todos necesitan apoyo. En la vida cristiana ocurre algo parecido: necesitamos a nuestra familia, amigos y comunidad para crecer, aprender y mantenernos firmes.
No digo que el fútbol sea perfecto ni que la fe sea un juego. Son cosas muy diferentes. Pero creo que el Mundial nos recuerda algunas lecciones importantes sobre la perseverancia, la humildad y la esperanza. Y quizás, mientras celebramos un gol o sufrimos una derrota, también podamos recordar que hay cosas más grandes que un resultado: los valores que nos ayudan a ser mejores personas cada día.
