Por: P. Mauricio Borge, CMF
Provincial de Centroamérica
Queridos hermanos y hermanas:
Que la alegría que da el encuentro con el Resucitado siga animándoles en sus actividades cotidianas. Este tiempo de Pascua, es tiempo para renovar la esperanza, porque el misterio de la resurrección sigue siendo una fuerza de vida que permea la visión de toda la realidad. Pero puede ser que nos pase como a los primeros discípulos: caminamos abrumados por las dificultades, con el corazón un poco contraído por la situación de guerra que azota nuestro mundo, o las situaciones particulares que podamos estar viviendo, y nos cuesta reconocer al Señor que camina a nuestro lado. Ellos buscaban entre los muertos al que está vivo, y a nosotros también nos puede pasar que la rutina o la costumbre de celebrar todos los años lo mismo nos nuble la vista. Pero hoy, la experiencia del Resucitado nos invita a no tener miedo y a dejar que sea Él quien nos abra los ojos y haga que nuestro corazón arda de nuevo.
Mirar nuestra realidad con ojos de Pascua significa creer que Dios siempre puede actuar en medio de cualquier circunstancia, incluso en medio del sufrimiento de nuestros pueblos y de nuestras propias fragilidades. La pascua nos invita a ser hombres y mujeres de esperanza, a que veamos la presencia del Resucitado que ya está haciendo nuevas todas las cosas. Cada gesto de ternura, cada mano tendida al hermano y cada esfuerzo por la justicia es Cristo que vuelve a estar presente entre nosotros.
Por eso, esta experiencia pascual nos invita a vivirla con una esperanza renovada y con entusiasmo. Pascua puede ser una invitación a salir de nosotros mismos, romper la pasividad y la autorreferencialidad para ser verdaderos testigos de la luz. Pascua es una invitación a volver a nuestras Galileas, a esas periferias geográficas y existenciales donde tanto se espera una palabra de consuelo y de paz. Como hijos del Inmaculado Corazón de María, dejémonos encender por ese fuego que nos impulsa a ser testigos del Resucitado. Que nuestra vida entera grite que la muerte, toda muerte, ha sido vencida y que el Amor tiene la última palabra.
¡Feliz Pascua para todos!