Por: Prof. Carmen María Morera Jiménez
Heredia, Costa Rica
20-6-2026

El año 2013 fue muy importante en mi vida, empecé a laborar en un lugar que cambió mi vida: el Colegio Claretiano. Un lugar que empezó a enseñarme el diario vivir con estudiantes. Cada aula y estudiante han dejado huella en mí. He sido partícipe de alegrías y tristezas. Creí que la profesora era yo y han sido los chicos quienes con sus luchas y sueños me han enseñado lo que no se encuentra en los libros.

Este transitar me ha llenado de todo, risas, lágrimas, preocupaciones, pero sobre todo de esperanza, al ver como los chicos derriban muros y se traen abajo miedos al lograr conseguir sus metas. El corazón queda marcado al ver y ser parte de esto. La labor social que lleva a cabo el colegio me llena de orgullo porque están cambiando vidas y dando oportunidades de superación a muchos estudiantes. He tenido la oportunidad de ver muchos exestudiantes convertidos en grandes profesionales y lo más lindo es que cada uno recalca la formación integral que se le dio acá en la institución, eso me lleva a pensar que en medio de una sociedad tan caótica se hace la diferencia.

He tenido la bendición de compartir con claretianos de diferentes partes de Latinoamérica en diferentes países, de salir de nuestras fronteras acompañando estudiantes a campamentos o presentaciones artísticas donde los alumnos han resaltado por su educación y comportamiento, esto me ha permitido valorar, apreciar y luchar por este mi gran lugar de trabajo.

El poder compartir la visión de Claret con profesores de otras fronteras ha sido muy enriquecedor y confrontativo también al ver todo lo que tenemos y otros países no. Siempre he pensado que si San Antonio María Claret viera hasta dónde ha llegado su misión y visión educativa, simplemente sonreiría.

¡Hoy vuelvo la mirada atrás con gratitud por todo lo enseñado en mi amado Colegio Claretiano!