Por: Iris Gordón
La Villa de Los Santos, Panamá
22-06-26

Cada año, en La Villa de Los Santos, Panamá, se vive una de las celebraciones religiosas y culturales más hermosas del país: la fiesta de Corpus Christi. Esta tradición logra unir la riqueza del folclor panameño con la profunda devoción al Santísimo Sacramento, convirtiéndose en una expresión viva de fe que ha pasado de generación en generación.

La celebración inicia en la madrugada, cuando cientos de personas se reúnen alrededor del parque, que está a un costado de la Iglesia, para elaborar las tradicionales alfombras que adornarán el recorrido de la procesión. Estas verdaderas obras de arte son confeccionadas con arena, sal, aserrín y otros materiales cuidadosamente coloreados. Año tras año, artesanos locales e incluso alfombristas internacionales participan en esta labor, aportando creatividad, talento y, sobre todo, un profundo espíritu de servicio.

Con la llegada de la mañana, los fieles se congregan para celebrar la Santa Eucaristía, centro y culmen de toda la festividad. En medio de las expresiones folclóricas que caracterizan esta celebración, tiene lugar uno de los momentos más significativos: la entrada de los diablos, personajes tradicionales de la fiesta, los cuales piden permiso para entrar al templo y adorar al Rey de Reyes. Este gesto simbólico recuerda que toda la creación, incluso aquello que representa el mal, reconoce la soberanía de Cristo y se somete ante su presencia.

Finalizada la Eucaristía comienza la solemne procesión con el Santísimo Sacramento, recorriendo las calles contiguas al Templo, sobre el camino de alfombras preparadas especialmente para Él. A lo largo del recorrido, la procesión realiza cuatro paradas, una en cada esquina del parque principal, donde se han levantado altares cuidadosamente adornados y en donde se realiza un momento de adoración y oración.

Más allá de la belleza de las danzas, los trajes y las manifestaciones culturales, el Corpus Christi en La Villa de Los Santos es una experiencia que recuerda cómo la fe puede encarnarse en las tradiciones de un pueblo. Es el encuentro armonioso entre la herencia cultural y la espiritualidad, una muestra de cómo las costumbres pueden convertirse en un camino para evangelizar, transmitir valores y fortalecer la identidad de una comunidad.

Quienes tienen la oportunidad de vivir esta celebración descubren que no se trata únicamente de una fiesta folclórica, sino de una auténtica manifestación de amor a Jesús Eucaristía. En cada alfombra, en cada danza, en cada oración y en cada paso de la procesión, resuena el mismo mensaje: Cristo camina entre su pueblo y sigue siendo el centro de su vida y de su historia.