Por: P. Fabio Rivas, cmf
Managua, Nicaragua
30-3-2026

     El Señor habló a Moisés: “He escogido personalmente a Besalel y lo he colmado de dotes sobrehumanas, de destrezas, habilidad y saber en su oficio. A todos los artesanos les he dado habilidad para que hagan todo lo que te he mandado… Lo harán ajustándose a lo que yo he ordenado”. (Éxodo 31, 1-3; 6b; 11b).

     La vida y obra del Misionero Claretiano Maximino Cerezo, deja en la Iglesia, la Congregación y el pueblo latinoamericano una herencia insustituible, en cuanto a sus obras de pintor del Reino se describe. El 20 de febrero su pascua nos sorprendió a muchos que crecimos bajo esta espiritualidad de la liberación; un proyecto soñado hecho realidad en cada pincelazo que trazó en tantos muchos, retablos, fondos, cuadros, papel… Innumerables murales pensados y sentidos, primero por él en su corazón, que, en los diversos contextos fueron parte de la vida y de la historia de tantos pueblos.

Desde muy joven el P. Maximino descubrió en el dibujo una forma natural de comprender el mundo. Su formación artística en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en Madrid marcó el inicio de una trayectoria en la que ministerio y pintura caminaron siempre unidos. Él mismo lo expresó alguna vez: “El pintor y el cura que hay en mí se pusieron de acuerdo”. Su experiencia misionera en América Latina, especialmente en Perú, Brasil, Nicaragua y Panamá, y su contacto directo con las realidades de pobreza y desigualdad transformaron su obra en un arte profundamente comprometido. Pintó murales en al menos 18 países, convirtiéndose en una de las voces artísticas más representativas de la teología de la liberación, con un estilo de trazo firme y colores intensos que buscaba “poner al alcance de todos la Buena Noticia del Reino”.

     Su pascua evoca a una profunda herencia colorida y creativa que sigue siendo palabra de Dios, palabra de liberación. Su arte habla de experiencias, rostros, lugares, historias concretas que no son imaginación de sus obras, sino una expresión de realidad. Su pintura no fue solo arte, es vida, calor, hogar, dolor que habla de individuos que quiso eternizar en el tiempo y siguen hablando al corazón. Descansa en la paz del Señor nuestro querido hermano P. Maximino Cerezo Barredo, cmf.