Por: Claudia Silva.
Parroquia San Antonio María Claret, Guatemala
24.6.2025
Sto. Tomás de Aquino, Adoro te dovote, 1264
Jesús mostró la plenitud de su amor, en el contexto de una comida comunitaria, donde se celebraba la liberación del pueblo judío de la esclavitud egipcia. En Hch. 2,46 y 20,7-12 se le menciona como Fracción del Pan. Desde el siglo II en adelante, se transformó en una acción litúrgica la cual, conmemora la presencia misma de Jesús Salvador, ofrecido en Sacrificio, en forma de Pan y Vino.
Siguiendo la enseñanza bíblica y patrística, la Eucaristía, adquirió estructura canónica y por ser presencia viva de Jesús, se le llamó sacramento. Con el paso de los siglos, se fue perdiendo la esencia comunitaria y también su importancia como imagen viva de Cristo, por falta de catequesis.

El 8 de septiembre de 1264, con la bula Transiturus de hoc mundo, de Urbano IV (1261-1264), se establece en el rito latino, la fiesta del Corpus Christi, inspirado en la corroboración de un milagro eucarístico, pero con el objetivo de recuperar la piedad y el sentido profundo que, dicho sacramento, tiene para la Iglesia.
En este contexto, la Parroquia Claret, obedeciendo a la tradición eclesiástica e imitando el amor eucarístico de nuestro Santo Patrono (Aut. 694), celebró el Corpus con alegría.
Hoy, nuestra comunidad de San Antonio María Claret vivió una jornada llena de fe, emoción y esperanza. Después de tantos años, el Santísimo volvió a recorrer nuestras calles en la solemnidad del Corpus Christi. En cada entrada a los sectores, alfombras coloridas, globos, banderines, bombas y cuetillos daban la bienvenida al Señor. Fue conmovedor ver a tantas familias preparando con esmero sus hogares: las fachadas decoradas con signos e imágenes alusivas, cantos que brotaban del corazón, y personas mayores que, pese a sus limitaciones, caminaban con devoción hasta llegar al altar para contemplar y adorar a Jesús Sacramentado.

Durante el recorrido, se sintió un verdadero espíritu de fiesta y comunidad. Niños y jóvenes acompañaban con entusiasmo, y en cada rincón se notaba la emoción de volver a vivir esta experiencia. No fue solo una procesión, fue un reencuentro con lo esencial: una Iglesia que no se queda quieta, que sale al encuentro, que visita, que consuela. Hoy, el Santísimo no solo pasó: se quedó en los corazones. ¡Qué hermoso es volver a salir como Iglesia, con Cristo al centro y al frente!
El recorrido concluyó en nuestra parroquia, donde los niños, jóvenes y toda la comunidad recibieron al Corpus con inmensa alegría. Culminamos este día con la Santa Eucaristía y una última procesión dentro del templo.
