Por: E. Gilmer Sánchez, cmf.
Heredia, Costa Rica
20-08-2026

El discipulado cristiano es camino de encuentro, de entrega, servicio, donde vivimos nuestra fe en la cotidianidad, el discipulado es compartir nuestra propia vida con los demás haciendo posible el sueño de Jesús, de amarnos los unos con los otros. En el Evangelio encontramos “Vayan y hagan discípulos en todos los pueblos… porque yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” Mt 28,19-20.

¿Y si nos levantamos y hacemos discípulos? Seguir a Jesús es una oportunidad para realizarnos como seres humanos, que nuestra luz y nuestra coherencia de fe, nos ayuden a repensar en nuestro modo de cómo estamos viviendo la vida en donde quiera que nos encontremos, estamos llamados a levantarnos de nuestra comodidad, llamados a escuchar al otro, llamados a levantarnos y ser capaces de entregarnos sin reservas a los demás.

Un día el apóstol Pedro nos invitó a dar siempre “razón de nuestra esperanza” 1 Pe 3,15., es decir, no olvidarnos de nuestras raíces, de nuestra historia y de nuestra fe que sigue viva a lo largo de la historia. A no tener miedo de nuestra humanidad, sino de vivir coherentemente lo que creemos y lo que vivimos. No hay que dar por hecho lo que posiblemente nosotros sepamos, el mundo tiene sed de Dios, de su Palabra, de su misericordia y nosotros como cristianos estamos llamados a transmitir el amor de Jesús a los que necesiten de su presencia. Cuando Jesús dijo yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo, efectivamente va caminando con nosotros, pero a veces no le vemos o no le queremos ver.

En definitiva, ser discípulo del Señor es saber levantarse del acomodo, aunque el mundo cuestione las palabras, el testimonio que podamos irradiar desde nuestra fe cristiana, nos permitirá a vivir nuestra vocación de hijos de Dios con alegría, de vivir los valores con autenticidad, firmeza y humildad. No olvidemos que el Evangelio sigue inspirando misericordia, y solamente podemos lograrlo cuando nos sintamos verdaderamente discípulos del Señor que nos envía a bautizar, a perdonar, a servir y a saber escuchar a quienes lo necesiten.