Por: P. Edgardo Guzmán, CMF

Ciudad de Panamá. Del 8 al 16 de julio de 2026, la Confederación de Misioneros Claretianos de América (MICLA) celebró en la Casa de Retiro Monte Alverna el Encuentro de Espiritualidad Claretiana bajo el lema «Misioneros místicos para América». La iniciativa reunió a cerca de cuarenta participantes procedentes de los distintos Organismos Mayores y ramas de la Familia Claretiana presentes en el continente.

El Encuentro fue fruto de un proceso de discernimiento iniciado tras el Congreso de Espiritualidad Claretiana celebrado en Vic en 2024. Durante los dos años siguientes, los prefectos de espiritualidad de los distintos Organismos de MICLA compartieron búsquedas, experiencias y desafíos, con el propósito de profundizar en la vivencia del carisma desde las realidades concretas de América.

Una amplia participación continental
El Encuentro contó con la presencia del Superior General de la Congregación, P. Mathew Vattamattam, CMF, y del Prefecto General de Espiritualidad y Vida Comunitaria, P. Carlos Sánchez, CMF. Participaron también Superiores Provinciales y delegados de los distintos Organismos del continente, procedentes de realidades que abarcan desde Canadá hasta el Cono Sur.

A ellos se sumaron representantes de diversas ramas de la Familia Claretiana – entre ellas, las Misioneras Claretianas, las Misioneras de San Antonio María Claret, la Filiación Cordimariana y los Seglares Claretianos–, junto con laicos comprometidos con la misión. Esta pluralidad de procedencias, culturas, vocaciones y experiencias permitió vivir de manera concreta la riqueza de una Familia llamada a caminar unida, escucharse mutuamente y discernir nuevos caminos para el servicio evangelizador.

El Encuentro fue inaugurado oficialmente por el P. Fausto Cruz Rosa, CMF, presidente de MICLA y Superior Provincial de Antillas. El P. Mauricio Borge, CMF, Superior Provincial de Centroamérica, dio posteriormente la bienvenida en nombre de la provincia anfitriona y destacó el significado de celebrar este encuentro en Panamá, por su condición de puente entre el Norte y el Sur, país que simboliza la llamada a tender puentes entre las diversas realidades del continente.

Escuchar al Espíritu y discernir juntos
El camino comenzó con una jornada de retiro espiritual, dirigida por el P. Carlos Sánchez, CMF, Prefecto General de Espiritualidad, y el P. Edgardo Guzmán, CMF. Las meditaciones estuvieron centradas en el texto programático de Jesús en la sinagoga de Nazaret (Lc 4,16-21), presentado como una clave para comprender la identidad y la misión del discípulo misionero.

A partir de este pasaje, se invitó a contemplar cómo toda misión auténtica brota de la unción del Espíritu y de la comunión con el Padre, antes que de la actividad o de las responsabilidades apostólicas. Así, el Encuentro comenzó mirando hacia la fuente de la misión: la experiencia de Cristo y la acción del Espíritu, que configura al discípulo y lo envía al servicio de los demás.

Las jornadas se articularon en torno a los llamados «grupos de vida», donde se puso en práctica la metodología de la Conversación en el Espíritu. El silencio, la oración y el diálogo comunitario permitieron compartir experiencias, reconocer las llamadas de la realidad actual, identificar los desafíos que interpelan a la misión y descubrir las semillas de esperanza que ya están brotando en las comunidades.

El programa combinó conferencias, testimonios y espacios de reflexión sobre los principales desafíos de la misión claretiana en América. Las aportaciones de la Hna. Liliana Franco, ODN; el P. José Luis Loyola, MSpS, presidente de la CLAR; el P. Rosendo Urrabazo, CMF; y Mons. Ángel Garachana, CMF, ayudaron a profundizar en la lectura creyente de la realidad continental, la sinodalidad, la renovación de la vida comunitaria, la relectura histórica del carisma y la unidad entre contemplación y misión.

Las reflexiones abordaron también algunos desafíos fundamentales para la misión: la opción por los pobres, la interculturalidad, la misión compartida con los laicos, la participación de las nuevas generaciones, la dimensión profética y martirial de la espiritualidad latinoamericana, la ecología integral y el cuidado de toda forma de vida.

Un momento especialmente significativo fue el testimonio de los PP. José Sentre, CMF, y Vicente Sidera, CMF, misioneros veteranos que llegaron a Centroamérica en 1962. Sus recuerdos de la misión en el Darién, Guna Yala y la Costa Abajo de Colón, en Panamá, mostraron, con sencillez y humor, lo que significa vivir «la mística en acción». Su experiencia puso de manifiesto que la misión solo puede sostenerse desde una profunda vida de oración, contemplación y unión con Cristo, alimentada en el contacto cotidiano con los pueblos.

Una experiencia encarnada y fraterna
La experiencia compartida no se limitó a los espacios formativos. La dimensión misionera se vivió también en el encuentro con el pueblo Guna de Dagargunyala, en una zona periférica del distrito de Arraiján, al oeste de la Ciudad de Panamá. Allí, los participantes compartieron la fe, la cultura y la hospitalidad de esta comunidad, dejándose interpelar por una misión entendida como encuentro y reciprocidad.

La experiencia recordó una convicción fundamental: la misión no consiste únicamente en llevar algo a los demás, sino también en dejarse evangelizar por los pueblos y comunidades a los que somos enviados.

Durante las jornadas, la asamblea recibió igualmente la visita fraterna de Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, arzobispo de Panamá, quien agradeció el servicio de los Misioneros Claretianos en el país y entregó al Superior General una imagen de Santa María la Antigua como signo de comunión y fraternidad eclesial.

Volver a Jesús y cuidar la casa común
En la etapa final, las reflexiones ayudaron a mirar el camino recorrido y a discernir nuevos horizontes para la misión. El P. Carlos Julio Rozo, CMF, propuso una relectura del carisma claretiano desde la experiencia eclesial de América Latina y el Caribe y resaltó la dimensión profética y martirial de la espiritualidad latinoamericana.

El itinerario invitó también a «volver a contar la historia de Jesús», en expresión de Gustavo Gutiérrez, desde los lenguajes, desafíos y realidades del mundo contemporáneo. El P. Antonio Ferreira, CMF, y el Hno. Fernando Kuhn, CMF, insistieron en que volver a Jesús implica renovar la experiencia del encuentro personal con Él y traducir el Evangelio en presencias concretas, discretas y transformadoras en las periferias geográficas y existenciales.

Esta reflexión estuvo estrechamente vinculada al compromiso con la ecología integral y el cuidado de la casa común, entendidos como dimensiones inseparables de una misión que desea defender la vida en todas sus formas, especialmente allí donde se encuentra más amenazada.

Custodiar las raíces y mantener vivo el fuego
En la jornada de clausura, que coincidió con el 177.º aniversario de la fundación de la Congregación, los participantes aprobaron por consenso el Documento Conclusivo.

En sus palabras finales, el P. Mathew Vattamattam, CMF, Superior General, invitó a custodiar las raíces profundas de la vida misionera. Recordando que un árbol robusto no puede sostenerse si sus raíces son débiles, subrayó que ninguna actividad pastoral puede sustituir la unión personal y comunitaria con Jesucristo. Animó a los participantes a no perder la identidad fundamental de amar y servir, pase lo que pase.

Por su parte, el P. Carlos Sánchez, CMF, Prefecto General de Espiritualidad y Vida Comunitaria, agradeció la vitalidad y la diversidad de la Familia Claretiana en el continente. Como expresión concreta de una misión vivida con radicalidad, recordó el testimonio de los jóvenes claretianos que continúan sirviendo en Haití en medio de situaciones de extrema violencia.

Lo vivido en Panamá se convierte ahora en una llamada y en un compromiso: regresar a las comunidades, parroquias, colegios y proyectos misioneros con el corazón ardiente, los pies firmemente arraigados en la realidad de los pueblos y la decisión de seguir viviendo el carisma misionero con creatividad, audacia y fidelidad.

La Familia Claretiana en América está llamada a custodiar el fuego recibido, dejarse renovar por el Espíritu y caminar unida para ser, en medio de las realidades concretas del continente, auténticos misioneros místicos para nuestro tiempo.