Por: Carlos Gerardo Salazar Borrás
Heredia, Costa Rica
07-04-26
En tiempos en donde parece gobernarnos el sin sentido y la superficialidad e incluso la desesperanza, hablar de la Palabra, con la Palabra y por la fuerza de la Palabra, es más que nunca un gesto disruptivo, que enciende el corazón y lo anima a caminar con más fuerza que nunca bajo la inspiración de Aquel que sabe hacer nuevas todas las cosas (cfr. Ap. 21, 5). Esto, podría ser mi resumen de mi experiencia inicial como educador claretiano desde mi incorporación el pasado 29 de enero.
Intento en mi fragilidad y pobreza creer que nada sucede por casualidad sino por el querer mismo de Dios, que enciende en nosotros el deseo de amarle, seguirle y comprometernos con su misión. Dado lo anterior, intento mirar así mi llegada al Colegio Claretiano, cuya llamada telefónica para concertar una entrevista aconteció precisamente un 24 de octubre. El buen Dios, en definitiva, sabe de generosidades, paciencia, acompañamiento y, sobre todo, de fidelidad. Todo lo anterior, una vez más, desde la Palabra…

Me siento pleno y feliz, acompañado por una comunidad que, desde mis colegas, compañeros todos en cada una de sus labores, todas necesarias y todas dignas, me han acogido y valorado tal cual soy, lo que potencia sin lugar a duda mi desempeño y crecimiento para en todo poder amar y servir.

¿Cuánto durará mi aventura? Sólo el Dios que conoce de corazones encendidos lo sabe, por lo que me sigo encomendando a sus oraciones para que la fragua que en mí, Él y la intercesión de nuestro fundador, han querido iniciar, perdure, se acreciente y tome el curso que corresponde acorde a su voluntad.