Por: Doris Mejía
Ciudad de Guatemala, Guatemala

18-02-2026

     Los Seglares Claretianos de Centroamérica nos dimos cita en San Pedro Sula, Honduras, para celebrar nuestra III Asamblea Regional, y el lema escogido para iluminar nuestro encuentro fue “El Espíritu del Señor está sobre mí…” del Evangelio de Lucas 16,24.

A la luz de este texto nos planteamos nuestras realidades: retos, obstáculos, logros, sueños, etc. Previamente hicimos un resumen consensuado para presentarlo en la Asamblea, ante nuestros países hermanos, para aunar criterios, y buscar caminos sinodales en comunión y participación, y llevar a cabo la misión que Jesús nos encomendó: extender el reino de Dios hasta los confines de la tierra, por todos los medios a nuestro alcance.

Este texto, que tan acertadamente escogió el Concejo Regional, fue el que impulsó a San Antonio María Claret para lanzarse a la misión, y que hoy ha hecho resonancia en nosotros para que nuestra III Asamblea sea como una plataforma de lanzamiento que nos aviente “a dar buenas nuevas a los pobres, a sanar a los que tienen el corazón contrito” (Auto. 687)

La Región Centroamericana de seglares Claretianos es como un crisol donde se han fundido muchos dones y talentos para poder llevar a cabo esta tarea, y siendo una región tan diversa en edades, sabiduría y experiencias, en culturas, costumbres y tradiciones, poseemos una gran riqueza para usar todos esos medios a nuestro alcance, como diría Claret.

     En nuestro encuentro, breve pero muy intenso, constatamos que hay muchas cosas que nos unen: un mismo idioma, una misma fe que late en cada corazón, una misma sangre que corre por nuestras venas, una historia en común, el cálido sentimiento de hermandad, la alegría y el entusiasmo de nuestros jóvenes. Pero al mismo tiempo por nuestra diversidad, somos como un tapiz policromo, donde las diferentes texturas, colores y formas van tejiendo una bella obra de arte, como las tramas que tejía Claret en los telares, y que eran la admiración de todos.

Necesitamos esa unción del Espíritu Santo que nos guió en este hermoso encuentro, para que continuemos nuestro caminar tendiendo puentes de unidad, abrasando en el fuego del amor divino, enfrentando los trabajos, retos y obstáculos que se nos presenten, venciendo los miedos que nos hagan flaquear, y finalmente, alcanzando esos sueños que afloraron en cada comunidad: ver nuestra región, creciendo, floreciendo y dando fruto.

Y para lograrlo, debemos seguir la ruta que nos señala nuestro ideario, tratando de hacer nuestra la misión de Jesús en el mundo, y viviendo las exigencias del Reino, arraigados en el carisma claretiano; y siempre bajo la protección del Inmaculado Corazón de María.

Que la sangre de los mártires que ha regado nuestro suelo, y los sacrificios de tantos misioneros que han entregado su vida por la causa de Jesús, nos inspiren a ser verdaderos testigos del Reino de Dios.