Por: P. Fabio Rivas, CMF
Managua, Nicaragua
20.12.2025
No cabe duda que el Señor ha estado grande con esta porción de la Viña Joven de Claret. La misión Claretiana de Nicaragua crece a pasos lentos en el servicio misionero y ministerial, pero seguros de que la esperanza esperante no defrauda. El sábado 22 de noviembre en la Santa Iglesia catedral metropolitana de Managua, Inmaculada Concepción de María, fueron ordenados presbíteros nuestros hermanos P. Byron Uriel Calero Hernández, cmf. y P. Jorge Luis Morales Morales, cmf.

En el marco de las vísperas de la solemnidad de Cristo Rey del universo, su Eminencia Reverendísima Cardenal Leopoldo José Brenes Solórzano ordenó presbíteros a ocho diáconos, entre ellos a dos de nuestros hermanos. En su homilía resaltó el papel misionero que el presbítero está llamado a ejercer, pues, es para lo que Jesucristo llamó a sus apóstoles; les instó a los ordenandos, que, no se pueden dar el lujo de olvidar sus raíces, al contrario, están llamados a ser pastores entregados a su pueblo llevando esperanza donde hace falta.

Fue un acontecimiento del Espíritu, pues recordamos que los neo presbíteros Byron y Jorge, originarios de Pueblo Nuevo, Estelí son los primeros sacerdotes del fruto de la misión Claret en el norte de Nicaragua. Una misión que se asumió por petición expresa del entonces obispo Mons. Abelardo Mata; sin duda alguna, esta porción de la Congregación comienza a dar frutos de sus años de ardua misión y promoción vocacional que los misioneros claretianos que han pasado por ahí han atendido como prioridad.

La celebración concluyó un día después con la solemnidad de Cristo Rey en Pueblo Nuevo, donde el domingo 23 de noviembre, se realizaron las primeras eucaristías de los nuevos presbíteros. Una fiesta para todo el pueblo, se desbordó la alegría por el festejo, las familias, los misioneros presentes y toda la feligresía dieron gracias al Señor por tan grande don para los nuevos sacerdotes y el pueblo en general. La esperanza se vio presente y el misterio tangible en la llamada que sigue haciendo a jóvenes como los recién ordenados presbíteros.
