Por: Giselle Zamora Arroyo
San José, Costa Rica
2.12.2025
El sábado 22 de noviembre de 2025 se realizó un Retiro Espiritual en la Casa de Ejercicios Espirituales de San José, Costa Rica, como cierre del Año Litúrgico e inicio del Adviento, bajo el lema “De la Cruz al Portal: el Camino de la Esperanza”.
La meditación matutina, titulada “Un Rey que sostiene nuestra esperanza”, invitó a realizar un alto consciente en el camino de la vida para mirar el pasado con gratitud y serenidad, aun en medio de las dificultades. Se contempló a Cristo Rey no como un monarca distante, sino como un Rey cercano que abraza la fragilidad humana y reordena la historia hacia la vida. Su realeza se manifiesta en el servicio, el despojo y el amor extremo: su trono es la cruz y su corona, de espinas.

La esperanza cristiana se sostiene en un amor que no calcula ni abandona. Cristo es el Redentor que asume la deuda del mal y renueva la vida. Su Reino se hace presente en la cercanía con los olvidados, en la compasión, la paciencia, la misericordia y la ternura que sana. Frente a los falsos reinos del poder, el éxito y el interés propio, Cristo libera el corazón para reinar desde dentro.
Él reina también en los fracasos, en el duelo y en las sombras, transformándolos en humildad, confianza y sanación. Vivir la esperanza implica reconocer la fragilidad, transformar relaciones y opciones, y acompañar al hermano herido. El Jubileo se presenta como tiempo de gracia para perdonar, sanar, soltar cargas y volver a lo esencial, confiando en que la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones.

La meditación de la tarde, “El Adviento: esperanza que nos pone en marcha”, presentó este tiempo como una esperanza activa que impulsa y despierta. Dios sale a nuestro encuentro y nos invita a mover el corazón, a preparar el camino desde lo interior, permaneciendo vigilantes, abiertos y disponibles para la conversión.
El camino del Adviento conduce a un portal humilde, donde un niño revela la ternura de Dios, y nos llama a compartir con quienes más lo necesitan. No se camina solo: María, la Iglesia y los pobres acompañan este recorrido en un mundo complejo y herido, donde la esperanza debe mantenerse viva.
Adviento es el momento previo al amanecer: aún hay oscuridad, pero la luz se acerca. Preparar el camino significa despertar del adormecimiento espiritual y dar espacio a Dios en lo cotidiano, para dejarnos transformar y reflejar no nuestra propia luz, sino la Luz de Dios.
