Por: Julio Daniel Arváez Polanco, CMF
Residencia Claret, Las Cumbres. Panamá.
15/09/2026

JC: Juan Carlos, VS: Vicente Sidera, JS: José Sentre, LG: Luís Gonzalo, MS: Manuel Sam, JD: Julio Daniel

JC: hoy avisaron en el grupo de Whatsapp de Vecinos Vigilantes del barrio que se metieron ladrones a la casa de las hermanas Oblatas, las vecinas de un poco más abajo. Parece que sí les robaron unas cosas.

VS: ¿cuándo? ¿El fin de semana?

JC: No, hoy en la mañana. Ellas van los lunes a la misa en la parroquia, a las 9:00 am. Yo presidí la misa, las vi allí. Al volver a casa notaron que entraron, revolvieron cajones y tocaron todo. Parece que buscaban dinero. Solo se llevaron el cáliz y el copón, quizá porque los vieron dorados y pensaron que era oro. Se comieron un helado de la refrigeradora y cositas menores… Dañaron una puerta trasera para meterse.

JS: Cosa más grande chico…

JD: los principales sospechosos son unos vecinos curas que andan buscando cosas para la misa… ja, ja, ja, ja…

LG: seguramente seremos los más sospechosos. Ja, ja, ja, ja ¿Para qué les pueden servir esos vasos sagrados a los ladrones?

MS: Si se metieron donde ellas, también lo pueden hacer acá. Tenemos áreas que dan a la calle y no siempre estamos vigilando. Y esto fue a media mañana. Ya no se puede uno descuidar. Hay que estar más atentos.

LM: una vez me quisieron asaltar en la calle, en Colón. Iba saliendo un poco más allá de la terminal de buses y unos tipos quisieron quitarme las cosas y me amenazaron. Pero yo no sé con qué fuerzas y rabia les grité: “¡A mí me quieren robar ustedes…! ¡Yo soy un sacerdote! ¡No es posible que hasta a mí me quieran robar!” Los encaré con tal rabia que se asustaron y me miraron fijo como sin saber qué hacer y les arrebaté mi mochila. Ellos se fueron corriendo. No sé si les dio miedo saber que era cura o que les enfrentara con tanta firmeza.

JS: a mí nunca me han asaltado… Pudiera ser que me hayan hurtado algo, pero nada de lo que tenga memoria…

JC: a mí sí, pero algunas veces salí bien librado como dice Mateo, pero con mucho miedo. En San Pedro Sula iba llegando a una capilla, mientras lograba estacionarme vi que venía hacia el auto uno que corría impetuoso. Yo no entendía la situación. Al llegar me quería abrir la puerta y me gritaba que le diera las llaves. En ese momento veo que está armado con un rifle. Yo estaba tratando de salir, pero me quedé con las llaves en las manos, las apreté con fuerza. Entre forcejeos y empujándolo con la puerta logré salir y gritar a la gente que estaba en la capilla: ¡Ladrón, Ladrón! La gente que estaba en la capilla empezó a salir. Entre tanto llegó otro de los ladrones, se metió al auto y vio que no estaba la llave. Al que llegó corriendo con el rifle lo agarré por el arma y comenzamos a forcejar, mientras les gritaba: ¡Ladrones, Ladrones!… Así estábamos cuando llegó un carro y se montaron allí y se fueron… nunca solté las llaves. Con miedo, pero los enfrenté.

JD: épico… Yo no creo que me armara de valor para tanto. Quizá como te ven alto se lo piensan un poco más, pero yo no les daría la más mínima preocupación.

MS: dicen que el P. Elías no se peleaba con los ladrones. Les dejaba que se llevaran las cosas y mantenía la idea de que ellos lo necesitaban más. Mejor que se lo llevaran. Le robaron varias veces. No se preocupaba por eso.

JS: casi que les daba las cosas a los ladrones.

LM: lo bueno es que hemos sobrevivido para contarlo. Nada de eso pudo quitarnos el ímpetu para la misión.

JD: así es, confiando en Dios, pero con prudencia humana. Quizá los ladrones que se llevaron las cosas de la casa de las hermanas también le habían pedido a Dios que los ayudara… Dios da para todos.

JC: una vez, también en San Pedro Sula, en la casa donde estaba el proyecto, estaba la Hermana Chelo. Yo entré, saludé y no vi a nadie. De repente por detrás me dice la hermana con voz ronca y fuerte, y como si sus dedos fueran la punta de un arma puesta en mi espalda: “Deme todo, esto es un asalto”. Pensé que era un ladrón, y del del susto no reconocí que la Hermana. Me giré con tanta fuerza y agilidad que al tomarla de las manos la tiré al suelo… No sé si se asustó más ella que yo, creo que se lastimó. Pero le salió muy malo el chiste: yo asustado y ella tirada en el piso.

LM: definitivamente que Dios nos ha mantenido la vida para la misión. Hemos sobrevivido a tanto.

Nota: sobre otros males de los que nos ha salvado Dios hablaremos en otra entrega.