Por: Giselle Zamora Arroyo
San José, Costa Rica
20/09/2026

Septiembre es conocido como el Mes de la Biblia porque el 30 de septiembre se celebra la festividad de San Jerónimo, el santo patrono de los traductores.

Detrás de la monumental tarea de crear la Vulgata (la traducción de la Biblia al latín que sirvió a la Iglesia durante más de mil años), no estuvo solo un hombre. San Jerónimo trabajó y se apoyó en un brillante círculo de mujeres intelectuales y nobles romanas que financiaron, estudiaron, cuestionaron y colaboraron directamente con su obra majestuosa.

En el siglo IV, existían múltiples versiones de las Escrituras en griego y latín con errores de copia. El Papa Dámaso I encargó a Jerónimo una revisión unificada. El 30 de septiembre, corona un mes entero dedicado por las comunidades cristianas a leer, meditar y vivir la Palabra de Dios. La profunda pasión de San Jerónimo por las Escrituras quedó resumida en su famosa frase: “Ignorar la Escritura es ignorar a Cristo”.

Las colaboradoras y discípulas de San Jerónimo 

En los cenáculos de Roma y más tarde en los monasterios de Belén, un grupo de mujeres eruditas formó el primer centro de estudios bíblicos de la historia junto a Jerónimo:

Santa Marcela: A quien Jerónimo llamaba philoponotate (incansable en el estudio). Transformó su palacio en Roma en un lugar de oración y debate exegético. Ella misma interrogaba a Jerónimo mediante cartas complejas sobre el significado exacto de los términos hebreos y griegos.

Santa Paula de Roma: Una noble viuda que fue el verdadero motor financiero y espiritual de la Vulgata. Paula dominaba el griego y aprendió hebreo lo suficiente como para cantar los Salmos en su lengua original. Ella y Jerónimo debatían e interpretaban codo a codo los textos del Antiguo Testamento en Belén.

Santa Eustoquia: Hija de Paula, quien heredó la pasión por las Escrituras. Dejó su vida de comodidad en Roma para exiliarse en Belén, donde colaboró en la dirección de las comunidades monásticas y en la conservación de los textos.

Otras colaboradoras: Figuras como Blesila, Fabiola y Lea formaron parte de esta red de estudio que impulsó al sabio dálmata a no rendirse ante las críticas de la época.