Por: Hazel Andrea Chavarría Barquero
Docente Colegio Claretiano
San José, Costa Rica
15/09/2026
Mi experiencia en el Colegio Claretiano de Costa Rica ha sido profundamente enriquecedora, tanto en el ámbito personal como en el académico. Desde mi llegada en el año 2021, he experimentado cambios significativos que han contribuido a mi crecimiento constante en diferentes áreas de mi vida. Estos años me han permitido no solamente desarrollarme como profesional, sino también fortalecer mi fe y comprender que, en muchas ocasiones, Dios coloca personas y experiencias en nuestro camino con un propósito determinado.
Durante casi 16 años trabajé en diferentes espacios educativos en los que se carecía de muchos recursos y apoyo. En ese contexto, tuve la oportunidad de conocer y compartir con personas que, a pesar de enfrentar diversas situaciones personales y sociales, realizaban grandes esfuerzos para salir adelante, sostener a sus familias y construir mejores oportunidades para sí mismas. Para muchas de ellas, rendirse no era una opción, pues de su esfuerzo dependía la posibilidad de alcanzar una mejor calidad de vida.
Estar rodeada de estas realidades me enseñó el valor de luchar por aquellos ideales que, aunque en ocasiones parecen difíciles de alcanzar, pueden convertirse en una realidad mediante el esfuerzo, la dedicación, la perseverancia y, sobre todo, la motivación. También aprendí que “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13), porque muchas de las situaciones que parecían imposibles podían superarse cuando existía voluntad, esperanza y confianza.

La falta de recursos me llevó a desarrollar la capacidad de buscar alternativas, abrir puertas donde aparentemente no existían y encontrar soluciones que permitieran mejorar las condiciones existentes. Muchas veces creemos que algo es imposible hasta que decidimos trabajar por ello. Es precisamente en ese proceso donde descubrimos nuestras capacidades y el potencial que Dios nos ha otorgado para poner nuestros dones al servicio de los demás. Como nos recuerda la Palabra: “Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido” (1 Pedro 4:10).
Estos cinco años dentro de la Comunidad Claretiana han representado, de alguna manera, el otro lado de la moneda. En este espacio existen mayores posibilidades y mejores condiciones para enfrentar los retos cotidianos. Esta realidad me ha llevado a comprender que tener mayores recursos también implica una mayor responsabilidad. No se trata únicamente de recibir, sino de reconocer que aquello que tenemos puede convertirse en una herramienta para ayudar a los demás.
Dentro de esta comunidad he aprendido a mirar con mayor atención las oportunidades que Dios coloca diariamente en nuestro camino. En ocasiones, estamos tan concentrados en nuestras responsabilidades que dejamos pasar pequeños momentos en los que podríamos servir, acompañar, escuchar o brindar una palabra de esperanza. Por eso, considero fundamental aprender a “ver con los ojos del corazón”, reconociendo en cada persona y en cada situación una oportunidad para poner en práctica nuestra fe.

Esta experiencia también me ha permitido comprender que “hay más alegría en dar que en recibir” (Hechos 20:35). Aunque en ocasiones pensemos que tenemos poco para ofrecer, ese pequeño aporte puede significar muchísimo para otra persona. Una palabra amable, una acción solidaria, nuestro tiempo o simplemente nuestra disposición para ayudar pueden convertirse en una muestra del amor de Dios hacia quienes nos rodean.
Asimismo, la vida dentro de la Comunidad Claretiana me ha enseñado el verdadero significado del servicio. Servir no significa solamente hacer algo por alguien, sino hacerlo con amor, entrega y disposición, reconociendo en el otro la dignidad que posee como hijo de Dios. En este sentido, la fe deja de ser únicamente una creencia y se convierte en una forma de actuar y de relacionarnos con los demás.

Hoy puedo reconocer que muchas de las experiencias que he vivido a lo largo de mi trayectoria profesional han sido parte de un aprendizaje guiado por Dios. Algunas situaciones me enseñaron a luchar, otras a tener paciencia y muchas otras a valorar lo que tengo. Cada etapa ha dejado una enseñanza y me ha permitido comprender que los caminos de Dios tienen un propósito, incluso cuando en determinado momento no logramos comprenderlo.
Finalmente, mi experiencia en el Colegio Claretiano de Costa Rica ha sido una oportunidad para crecer como persona, como profesional y como ser humano. Ha fortalecido en mí valores como la fe, la esperanza, la solidaridad, la empatía y la caridad, recordándome que nuestra labor puede trascender las aulas y convertirse en una forma concreta de servir a los demás. Me quedo con la certeza de que “todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor” (Colosenses 3:23). Esta frase representa, en gran medida, la manera en que deseo continuar desarrollando mi labor: con compromiso, amor, gratitud y la convicción de que cada pequeño esfuerzo puede contribuir a construir una comunidad más humana, solidaria y cercana a Dios.
