Por: Giselle Zamora Arroyo
San José, Costa Rica
18-01-26
En el año 2019, el Papa Francisco instituyó una jornada para establecer el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, con el fin de asignar un día dedicado a la celebración, estudio y difusión de la Biblia. Esto lo hizo con la Carta Apostólica Aperuit illis, que significa: “Les abrió” (el entendimiento), frase tomada del Evangelio según San Lucas (Lc 24, 45).
Se busca que creyentes y pastores redescubran la riqueza de la Palabra de Dios, a menudo descuidada, como un tesoro inagotable y un alimento para la fe de todos los cristianos y cristianas, fomentando su encuentro personal y comunitario con ella.
El propósito es poner la Palabra de Dios en el centro de la vida de la Iglesia. Este año el Domingo de la Palabra se celebra el 25 de enero con el lema “La Palabra de Cristo habite en nosotros” (Col 3, 16).
Que la Palabra de Dios habite en nosotros significa que las enseñanzas de Cristo no solo se conocen, sino que residen permanentemente en nuestra mente y corazón, nutriéndonos, guiando nuestras decisiones y transformando nuestra vida diaria hasta el punto de que nuestras acciones reflejen Su voluntad y podamos ir transformando los ambientes en los que nos desenvolvemos. Es una presencia activa que implica comprender, asimilar y vivir los principios bíblicos, permitiendo que la justicia, la paz, el amor y la misericordia sean los valores decisivos en nuestra vida.

La Palabra de Dios no solo es información, sino una presencia constante que se queda a vivir en nosotros, haciendo su morada en cada persona. Al igual que la comida nutre el cuerpo, la Palabra nutre todo nuestro ser. Esta presencia se evidencia cuando escuchamos con el corazón y somos hacedores de la Palabra. Nos permite vivir conforme al diseño de Dios y cumplir el propósito para el que fuimos creados.
En esencia, es la idea de tener a Cristo y sus enseñanzas tan integradas en nuestro ser, que de esta manera logremos ser una representación viviente de Él. Esto se logra a través de la lectura, el estudio, la reflexión y la puesta en práctica de la Palabra.
Este día debe tener un significado especial para la familia claretiana al ser “Oyentes y Servidores de la Palabra”, escuchando atentamente la Palabra de Dios, las enseñanzas de Jesús y las voces de las realidades de nuestros pueblos y de la Madre Tierra, convirtiéndonos en testigos vivos, estando al servicio de los más necesitados y vulnerables, siendo ejemplos de entrega y transparencia, como nos lo enseñó con su vida nuestro padre fundador San Antonio María Claret.