Por: P. Vicente Sidera, CMF
Ciudad de Panamá, Panamá
21.12.2025

     El Vicariato de Darién “nació” el 25 de noviembre de 1925. Tres años antes, los Claretianos se establecieron, en la Capital, junto a la iglesia de Sto. Domingo en una residencia pequeña, estrecha y casi destartalada. Nació pobre, fue perfectamente misionera y murió pobre, casi abandonada.

Desde ella, los “fundadores” se hicieron cargo de la Catedral y de las capillas-iglesias de Santa Ana, San Miguel, Santa Teresita, Sabanas, San Francisco de la Caleta, etc. Se dieron a conocer
con las misiones populares, en la catequesis y en las cárceles. Y, desde ahí iniciaron las excursiones a Taboga, Otoque, Las Perlas y al Darién abandonado.

Los Claretianos aceptaron con bravura y mucho compromiso la áspera realidad de un Darién que se les proponía como un desafío evangélico: transporte marítimo deficiente, hambrunas, sed,
soleadas, animales dañinos, ríos y mares. Etnias variadas con sus culturas e idiomas propios y religiosidad ancestral.

El nuevo Vicariato abarcaba la Provincia de Colón, la Zona del Canal, el Archipiélago de Las Perlas, Gunayala y el misterioso y desafiante Darién. ¡Casi nada! ¡Casi de locos!: 1/3 del
territorio nacional y 1/5 de su población total.

En Darién se vivió una etapa testimonial de heroicos misioneros y aún de mártires. Pero, los Claretianos no se intimidaron.

Desde un inicio, surgieron unos Vicarios Apostólicos cercanos, entregados, luchadores, organizadores, dignos de encomio, para nada instalados.

El Vicariato ha contado hasta el presente con:

. Obispos, “misioneros”
. Sacerdotes, “misioneros”
. Religiosas y religiosos, “misioneros”
. Evangelizadoras y evangelizadores laicos, “misioneros”
. Poblaciones, “misionadas”

Todos, “testigos” del Evangelio, en un difícil Darién, “oliendo” a Cristo; “oliendo” a sencillos y humanos. Claret definió a sus misioneros como hombres que ardían en caridad y que abrasaban por donde pasaban.

En versión darienita sería: Los Claretianos en Darién

. Se embarran en invierno y mascan polvo en verano
. Manejan piragua y navegan en internet
. Triscan por los montes y se hunden en la selva
. Oran y laboran
. Abren caminos de evangelización y acortan distancias a través de los MCS
. Son navegantes, itinerantes, cabalgantes, constructores
. Ministros de Dios y servidores del pueblo
. Echan mano de cooperadores
. Defensores de la vida y promotores de los pobres
. Hombres de Dios y amigos de la gente: caminan con ella; viven como ella
. Nada les arredra.

El Vicariato de Darién ha llegado a ser, en su organización y compromiso eclesial, modelo de una iglesia nacida del pueblo, comunitaria, organizada, respetuosa y promotora de la cultura de las etnias, denunciadora valiente de las irregularidades sociales, defensora de la biodiversidad y de los derechos humanitarios de comunidades en dificultades.

Algunos querían anclar al Vicariato en el pasado, pero él mira hacia un futuro cada vez más cercano para Darién. Ha sido sembrador de semillas vivas. Plantando estas semillas pequeñas, en lugares pequeños, con gente pequeña, ha cosechado beneficiosos frutos. Al desarrollarse, se cobijaron bajo su sombra, formando una alianza de fraternidad productiva, los indígenas, los negros, los interioranos y los nuevos bienvenidos.

Un Vicariato centenario, con vigor de juventud y con perspectiva de rutas sin fin, seguirá saliendo de sí mismo, en provecho de esta tierra “santa” de Darién por la que, desde antiguo, ha caminado, camina y caminará en clara sinodalidad.

María Centenaria,
sin cálculos ni fechas,
la de mucha prisa viajera,
siempre en marcha.
Con “emberás” te tratas,
con “Ankoré” conversas,
con los “negritos” andas.
Señora del Darién,
los largos días mira
de nuestra caminata.
Haznos emprendedores,
alegres, soñadores.
Saber arriesgarnos
en nuestra dura vía.
Señora del Darién,
Madre de la travesía.

P. Jesús Aramendía cmf.