Por: Susan Mairena
Managua, Nicaragua
13.12.2025

     La Gritería es una de las expresiones de fe y devoción mariana más profundas y arraigadas del pueblo nicaragüense. Viene desde el siglo XVIII, cuando los fieles comenzaron a manifestar públicamente su amor y defensa del dogma de la Inmaculada Concepción de María, hoy Patrona de Nicaragua. Desde entonces, esta celebración se ha transmitido por generaciones, convirtiéndose en el día más especial del año para un país que se reconoce orgullosamente como mariano.

     Los 7 de diciembre, vísperas de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, miles de nicaragüenses salen a las calles para “gritar” a la Virgen. Familias preparan con amor altares en honor a María y, como muestra de gratitud por favores recibidos o devoción, ofrecen dulces tradicionales, frutas, bebidas y comidas a quienes pasan por cada hogar. El grito que une a todos es inconfundible: “¿Quién causa tanta alegría?”, a lo que se responde con fervor: “¡La Concepción de María!”, seguido de cantos a la Virgen.

     En mi experiencia, esta celebración ha cobrado un significado más profundo a medida que he ido creciendo en la fe. Me conmueve ver cómo, en tiempos buenos y no tan buenos, las familias ofrecen lo que tienen por amor a María. Asimismo, salir a gritar, caminar de altar en altar entonando cantos, no se trata de lo que se recibe, sino del amor que se entrega. A pesar del cansancio, el corazón se llena al contemplar a todo un pueblo unido honrando a la Madre de Dios. Es allí donde se percibe claramente lo universal y profundamente unida que es la Iglesia.