Por: P. Mauricio Salvador Borge Porras, CMF.
Ciudad de Panamá, Panamá
20.11.2025
Esta es mi primera comunicación escrita con todos ustedes, lectores de la Revista La Misión, desde que fui nombrado Provincial de Centroamérica. La primera palabra que brota en mi corazón al escribirles es gracias. Gracias a Dios por este llamado a animar juntos la vida de nuestra Provincia en este sexenio. He agradecido también a mis hermanos de Provincia por la confianza depositada en mí. Agradezco igualmente a ustedes, laicos, sus oraciones por el Capítulo, sus expectativas por conocer quiénes integrarían el Equipo de Gobierno, y, sobre todo, agradezco a tantos de ustedes que fueron parte del proceso de preparación del Capítulo Provincial: sus aportes, su entusiasmo y su vinculación con el carisma me llenan de esperanza.
Han pasado ya varios meses desde que concluimos nuestro XV Capítulo Provincial. Fueron ocho días intensos, llenos de trabajo, fraternidad y discernimiento. Pero el Capítulo no terminó ahí. Al contrario: apenas comienza. Ahora nos toca a todos —claretianos, familia claretiana y laicos— conocer, asumir y hacer vida lo que juntos discernimos en el Capítulo.

El último Capítulo Provincial nos dejó tareas concretas relacionadas con aspectos propios de nuestra vida claretiana, tanto en lo interno como en nuestra proyección misionera. Como claretianos, necesitamos fortalecer el cuidado de nuestra propia vocación y el cultivo de una vida fraterna de calidad, poniendo en práctica los dinamismos comunitarios y de crecimiento espiritual. En nuestro servicio misionero, el Capítulo nos recordó que nuestro modo de trabajar es en misión compartida: claretianos, familia claretiana, laicos y también otros religiosos y clero secular. Necesitamos fortalecer los equipos de trabajo en todas nuestras comunidades desde nuestras opciones pastorales. Muchos de ustedes ya están involucrados y comprometidos, colaborando con su tiempo y generosidad. No dejen de hacerlo, y animen a otros a unirse a estas iniciativas.
No dejen de orar por las vocaciones, de promoverlas y de escuchar el llamado a comprometerse con el Reino.