Por: P. Donaciano Alarcón, cmf
Usultán, El Salvador
11.12.2025
El Adviento (Adventus= llegada) tiene sus orígenes, en la Iglesia romana, entre los siglos IV-V. Al principio se vivía como un ayuno penitencial, el cual comenzaba el 11 de noviembre, con la fiesta de San Martín de Tour, hasta la Navidad. Tenía dos objetivos: preparar a los catecúmenos que serían bautizados el 6 de enero, fiesta de la Epifanía, y a la Venida de Cristo.
El Papa Gregorio Magno (590-604) lo cambió de 6 semanas a 4; como está en la actualidad, probablemente para diferenciarlo de la cuaresma. Y se asoció, teológicamente, tanto a la Primera Venida de Cristo (Encarnación), como a la Segunda (Parusía). Se utiliza el color morado, símbolo de penitencia y transformación.

Al inicio del Adviento 2025, el papa León XIV, se encontraba en Turquía, en su primer viaje apostólico y desde allí nos invitó a levantar nuestra mirada, a no dejarnos amedrentar por miedos y ansiedades, a esperar a Jesús siempre, viendo los acontecimientos cotidianos, con sus ojos y aprovechar este tiempo de gracia para un encuentro transformador con el Dios de la vida. También nos exhortó a vigilar sobre nosotros mismos y así, poder ser luz para los demás.

Dejémonos guiar por la pedagogía de la Liturgia de la Palabra, la cual, a través de los Profetas y Evangelistas, nos instan a cultivar la paz y la seguridad en medio de las adversidades. Nos muestran la certeza en un Dios hecho humanidad, que, con su poder redentor y nuestra disponibilidad, disipa toda oscuridad y nos abre a la confianza de transformar el mundo en una tierra donde mane leche y miel.
¡Dejémonos iluminar por la intensa luz del Adviento y caminemos, con los empobrecidos, al encuentro del Señor que viene!
