Por: Gustavo Adolfo Aguila Romero
Usultán, El Salvador
18-3-2026

     Monseñor Óscar Arnulfo Romero, Santo de América y santo universal, es un testimonio vivo de fe, valentía y amor por su pueblo. Su vida estuvo marcada por una profunda cercanía con los más pobres, siendo un verdadero pastor con olor a oveja, que caminó junto a su gente y defendió su dignidad.

En medio de la violencia, su voz se alzó para denunciar la injusticia y anunciar la esperanza del Evangelio. Aunque su figura no siempre ha sido comprendida plenamente por algunos dentro de la Iglesia, su testimonio ha sido confirmado con el paso del tiempo como auténtico y profundamente evangélico.

     El Papa Francisco defendió con claridad su imagen como pastor fiel, reconociendo en él a un hombre que vivió el Evangelio hasta las últimas consecuencias. Asimismo, la Iglesia Anglicana fue la primera en reconocerlo como santo, resaltando su valor universal.

Hoy, San Romero es signo de unidad y esperanza para el mundo entero, recordándonos que la santidad se construye en la cercanía, en la justicia y en el amor sincero hacia los demás.

     La ONU proclamó el 24 de marzo como el día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con violaciones graves de los Derechos Humanos y de la dignidad de las víctimas.

Esta fecha, establecida en diciembre de 2010, honra la memoria de monseñor Oscar Arnulfo Romero, asesinado ese mismo día en 1980, por su incansable defensa de los derechos humanos y los pobres en El Salvador.