Ordenación diaconal de Gerardo Bolaños, cmf.
Por P. Freddy Ramírez, cmf.
Ciudad de Panamá, Panamá, 18 de marzo de 2025.
El 15 de marzo fue un día de gracia y bendición para la Congregación de los Misioneros Claretianos y para la Iglesia en Panamá. La ordenación diaconal de nuestro hermano Gerardo Bolaños, cmf, celebrada en el Santuario Nacional del Corazón de María, no solo representó un hito en su itinerario vocacional, sino que también constituyó un signo elocuente del llamado divino a la entrega y al servicio eclesial.
La liturgia estuvo revestida de un profundo sentido misionero y comunitario. Desde el inicio, la asamblea expresó su júbilo y gratitud por este nuevo ministro al servicio del Pueblo de Dios. En el momento culminante de la ordenación, el arzobispo José Domingo Ulloa Mendieta, OSA, impuso sus manos sobre Gerardo, confiriéndole el ministerio diaconal, una vocación que lo compromete a la proclamación de la Palabra, la caridad pastoral y la celebración litúrgica.
Gerardo, nacido en Panamá en 1992, ha recorrido un fecundo proceso de formación que lo ha llevado a diversas tierras de misión. Su experiencia evangelizadora en la Comarca Gunayala y en Guatemala ha moldeado en él un espíritu de entrega y cercanía con los más humildes. Ahora, como diácono claretiano, asume con fervor la misión de anunciar el Evangelio con fidelidad y generosidad, siguiendo las huellas de San Antonio María Claret, quien exhortaba a sus misioneros a arder en caridad y a abrasar por donde pasaran.
La celebración estuvo enriquecida con signos culturales que manifestaban la riqueza y diversidad de la Iglesia en Panamá. La proclamación de la Palabra en lengua dulegaya y la danza de los jóvenes con las ofrendas fueron expresiones de una fe viva y encarnada en el pueblo, recordándonos la enseñanza claretiana de evangelizar desde la cultura y con el corazón totalmente orientado hacia el Reino de Dios.
El diaconado no constituye meramente un tránsito hacia el sacerdocio, sino un ministerio en sí mismo, que invita a vivir la humildad del servicio con radicalidad evangélica. La vida de Gerardo se convierte en una interpelación para redescubrir el valor del ministerio ordenado y la entrega generosa. Que su fidelidad sea testimonio luminoso para quienes aún disciernen su vocación. Elevemos nuestras súplicas para que más jóvenes respondan con magnanimidad al llamado del Señor.
Que María, Madre del Corazón de Cristo, lo guíe en esta nueva etapa de su itinerario misionero. Que su testimonio suscite en muchos el ardor por seguir a Cristo en la misión.