Por: P. César Espinoza, cmf.
17-04-26

     El Día de la Tierra es oportuno para dar a conocer a las personas que hicieron de su vida una opción por su cuidado y su defensa. Una misión hermosa y a la vez peligrosa, ya que, en no pocos casos, ha conducido a la violencia o al exterminio de sus guardianes. En este sentido, quiero hacer memoria agradecida de Juan y Berta, personas que siguen siendo signos claros de profetismo en el cuidado y defensa de la Hermana-Madre Tierra.

     Juan Antonio López, delegado de la Palabra, Coordinador del Comité Municipal de Bienes Comunes y Públicos de Toca, en Honduras. Defensor de los ríos Guapinol y San Pedro, así como del Parque Nacional Montaña de Botaderos, del megaproyecto minero Los Pinares-Ecotek. Asesinado después de la celebración dominical, saliendo de la iglesia en septiembre de 2024.

Su defensa del territorio encontró sustento teológico y pastoral en la encíclica verde “Laudato Si”. Miembro de la Red Iglesias y Minería. Su trabajo valiente en defensa de los derechos humanos y de la vida de la Madre Tierra, movidos desde su profunda fe, sigue siendo para nosotros otra clara señal de la radicalidad con la que debemos defender la vida de nuestro entorno y del planeta.

     Berta Cáceres, hondureña, lideresa indígena lenca. Guardiana del Sagrado Río Gualcarque. Ella recibió el premio Goldman en el 2015, un premio que se ofrece anualmente a defensores de la naturaleza y del ambiente. Fue asesinada en marzo del 2016 por su oposición al proyecto hidroeléctrico Agua Zarca, impulsado por la empresa DESA. A continuación, transcribo su discurso en la recepción de dicho premio ya que sigue siendo actual, profético y esperanzador:

“En nuestras cosmovisiones somos seres surgidos de la tierra, el agua y el maíz. De los ríos somos custodios ancestrales el pueblo Lenca, resguardados además por los espíritus que nos enseñan que dar la vida de múltiples formas por la defensa de los ríos es dar la vida para el bien de la humanidad y de este planeta.

     El COPINH, caminando con pueblos por su emancipación, ratifica el compromiso de seguir defendiendo el agua, los ríos y nuestros bienes comunes y de la naturaleza; así como nuestros derechos como pueblos.

¡Despertemos! ¡Despertemos humanidad! Ya no hay tiempo. Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de estar solo contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal.

El río Gualcarque nos ha llamado, así como los demás que están seriamente amenazados en todo el mundo. Debemos acudir.

La Madre Tierra militarizada, cercada, envenenada, donde se violan sistemáticamente derechos elementales, nos exige actuar. Construyamos entonces sociedades capaces de coexistir de manera justa, digna y por la vida. Juntémonos y sigamos con esperanza defendiendo y cuidando la sangre de la tierra y de sus espíritus.

Dedico este premio a todas las rebeldías, a mi madre, al Pueblo Lenca, a Río Blanco y a las y los mártires por la defensa de los bienes naturales.”